Enredados en Astorga

‘Que la realidad no te estropee un buen titular’ es una frase muy famosa entre los plumillas de medio mundo. Los medios solemos tirarnos como buitres carroñeros contra todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Olemos carne fresca y no podemos por menos que abalanzarnos sobre ella. El problema de ese ‘caiga quien caiga’ es que, a veces, quien cae no lo merece, no debe, o simplemente no es hora de que lo haga. El primer supuesto caso de corrupción en el Ayuntamiento de Astorga ha entrado con una maza en la ciudad, con vecinos incrédulos, sorprendidos, y también con un buen puñado de ellos salivando, y poniendo ya en el paredón al alcalde y sus investigados ediles.

El martes día 3 de julio, cuando se conoció el percal, algún medio que otro tuvo que retirar información ya escrita y publicada; estaba metiendo gente en la cárcel antes de que entraran. Hombre, espérate un momento ¿no? Tenemos la mala costumbre en este país de disparar antes de preguntar y luego ya resulta complicado resucitar al muerto. Yo, que no dejo de ser un simple locutor de radio y bloguero ocasional, suelo tratar este tipo de cosas con bastante cautela… llámenme raro. Me fastidia, a la vez que me da pavor, andar diciendo cosas que no tengo claras o seguras, elucubrando que diría aquel. En estos casos al menos (en otros reconozco que me puedo columpiar alguna vez), delicados, donde no solo hay una persona implicada, también hay una madre, un hermano, una mujer o unos hijos, prefiero pecar por defecto que por exceso.

Y las cosas hay que tomarlas como son. Arsenio, Ortiz, Guzmán y Peyuca, están siendo investigados, de momento, y hasta que no se demuestre lo contrario, son inocentes. Si un juez, después de un juicio los declara culpables pues serán culpables. Fácil ¿no? El día en que se inició el jaleo no hubo en ningún momento auto de detención para ellos. Estuvieron retenidos en comisaría y allí pasaron la noche porque el juzgado de Astorga no abre por la tarde. Simple y claro. En el juzgado de León, que sí trabaja en sesión vespertina, se tomó declaración y muchos de los investigados ya estaban en sus casas a las ocho de la tarde. El hecho de pasar una noche en comisaria ya los postulaba como los asesinos de Manolete. Pues no. Al día siguiente los cuatro ediles astorganos más el alcalde de Villarejo, Joaquín Llamas, salían con cargos pero en libertad sin ningún tipo de medida cautelar. Ninguna. La jueza astorgana, creo yo, no debió ver mucha chicha en ellos.

El alcalde hablaba esta semana de una trama de la empresa (Agema) de Ángel Luís García, el patatero, que perjudicó al Consistorio, pero que ellos, dijo, hicieron las operaciones con el beneplácito de la intervención y los juristas de la institución. Pues olé. Se verá si eso es verdad o no con el tiempo. El caso es qué, la información es cual. Y ésta dice que el patatero ha ingresado en prisión sin fianza este viernes. Eso es un hecho. No ha sido juzgado, es un presunto aún, pero está en la cárcel. Poco más se puede decir. Aunque los métodos algo fanfarrones de este señor es algo que he podido ver en directo, y esto es una opinión claro, me da que le va a costar salir del lío. El dinero y el poder no siempre van de la mano, por mucho que algunos se empeñen en querer juntarlo. Las conversaciones telefónicas grabadas por la policía de este señor me apuesto a que no tienen desperdicio alguno.

Ahora bien, saben los que suelen leer el Antojano que no soy amigo de hacer la rosca a este Ayuntamiento, fíjense en el anterior post, sin ir más lejos. Pero, y ahí va otra opinión, no veo yo a Arsenio García o a Joaquín Llamas robando… perdónenme pero no los veo. Creo que son dos tipos honrados (al menos hasta que se demuestre lo contrario). Y puedo disentir en muchas ocasiones con su labor o decisiones, más en el caso astorgano, que me toca de cerca, pero no creo que ni uno ni otro estén en esto por codicia o para sacar tajada. Repito, es mi creencia, si me equivoco, lo reconoceré.

Con esto y con todo, y creyendo que los responsables consistoriales son inocentes, a día de hoy, también considero que todos ellos (ediles incluidos) deberían dimitir de sus cargos públicos. Quizás es un precio elevado si llegarán a demostrar su inocencia, pero están siendo investigados por una gestión pública que ha sido puesta en duda por la policía y un juez. Y ellos deben dar ejemplo en primer lugar a la ciudadanía. Piensen ustedes que harían sus jefes, en sus empresas, si dudaran, si quisieran investigar su trabajo porque hubiera habido una irregularidad; pues como mínimo unas ‘vacaciones’ temporales hasta que se aclarara el asunto (la conocida suspensión de empleo y sueldo). Eso como mínimo, porque lo normal sería irse de patitas a la calle. Algo que puede ser justo o no, pero sin duda entendible. Darse de baja del partido no es suficiente, es irrelevante. En Europa (en la parte anglosajona al menos) un político se va a su casa por saltarse un semáforo en rojo, o por pegar un chicle debajo de la mesa del congreso. Por mera responsabilidad, por ejemplo al ciudadano. Aquí nadie se mueve. Para unos la responsabilidad política es quedarse, para otros irse. Ojalá los políticos implicados, no me da por decir lo mismo de los empresarios, salgan indemnes y demuestren su inocencia, o al menos que solo hayan pecado de imprudencia, porque así lo creo. Pero hasta entonces quizás debieran apartarse, para luego si salen libres, volver con más fuerza.

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Maite ¿qué fue de tu premio?

Querida Maite, por aquí andamos los desterrados hijos de Eva, en este valle lleno de lágrimas que es el periodismo patrio, donde ya no podemos escribir lo que vemos, no sea que nos toquen los garbanzos, y con eso no se juega. Nos plegamos, recogemos velas y para adentro. Y al que hable de más que vaya poniendo abono a la tierra, y siembre unas patatas. Aguantando el tirón casi desde que te fuiste, unos mejor que otros, otros peor que unos, pero intentando contarlo, a la vez que hacemos malabares con otros asuntos que terminan de llenar la nevera, de vez en cuando.

Nadie todavía he conocido con la alegría y pasión con la que realizabas tu trabajo en lo de juntar letras, ya no vivimos tan buenos tiempos como los tuyos, junto a Polo y Enrique, que queda como maestro también desencantado con lo que le rodea, a tenor de su alma ‘tuitera’ que aflora de tarde en tarde. El trío maravilla que dio paso a otra generación con mucha más prisa en hacerlo todo, es lo que toca. En esas estamos por aquí, bailando al son de los que ponen la pasta encima de la mesa, que ya no son los lectores, o los oyentes… somos peones de una industria con la máquina bien engrasada para que nadie resbale más de la cuenta. Así que cuando vemos a los pocos que sí lo hacen, pueden, o les dejan, sentimos sana envidia, al tiempo que volvemos a pensar que no está todo perdido.

Puesta en antecedentes, imagino que ya te estarás dando cuenta desde allá arriba, o en donde estés, no se me ofenda nadie, de cómo está el patio. Y quizás también te preguntes, por concretar en algo, qué fue de tu premio periodístico. Pues tengo dos noticias, la buena es que (oficialmente) se sigue convocando; la mala es que hace algunos años que no veo tu recuerdo en él, creo que se está diluyendo poco a poco el espíritu con el que nació para convertirse en otra cosa, no sé si mejor o peor, pero otra cosa, otro premio… algunos compañeros de profesión también lo piensan, y echan de menos, al igual que yo, que además de hablar de Astorga, se te recuerde con más ganas.

La idea original, puesta en marcha por el equipo de gobierno anterior, era magnifica. Un premio que recordara tu labor. Un premio que homenajeara tu servicio desde las páginas de Diario de León a la ciudad de Astorga y sus “pueblines”, como siempre decías. El reconocimiento a un trabajo, escrito en carne, que hablara de tu villa querida, para promocionarla, contar sus bonanzas, sus actos y peculiaridades. Siempre con tu nombre presente, con tu recuerdo imborrable, con tu aura en los escritos, en los premiados, en el jurado… el caso es que, no sé si se ha hecho con intención o no, pero tus pelirrojos rizos apenas asoman. De hecho, significativo fue en esta pasada edición que ni siquiera se viera tu nombre en la imagen que se proyectó en la gala de entrega de premios, donde solo se advertía un triste y poco original: ‘Premios de Periodismo ‘Ciudad de Astorga’’, sin rastro de la señora Almanza.

Aun recuerdo esa primera edición, con tu familia sentada en la fila uno y tu amigo Jesús Salvadores recogiendo su premio, gracias a ese ramillete magnifico de fotografías de la recreación napoleónica en Astorga, agradeciéndote a ti y donando los cuartos a la Asociación contra el Cáncer. Entiendo que era el primero, y que las emociones vividas no sean igual cada año, pero creo humildemente que se debe retomar el origen. Que el galardón no olvide nunca su nombre y la persona que lo otorga, por la que se hace. Y me resisto a pensar, querida Maite, que el hecho de que te llevaras mejor con unos que con otros en la Casona haya influido para que ahora te estén dejando algo relegada. Hace unas semanas un colega me apostaba a que en menos de cinco años tu nombre desaparecería por completo… yo espero que no; porque más allá de tus preferencias ideológicas, de tus afinidades o simpatías tú hiciste Astorga… peleando cada columna, cada titular, cada página impar, cada reportaje, cada portada, cada letra de cada palabra para intentar que la ciudad y sus comarcas estuvieran lo mejor colocadas posible en tu querido ‘Diario’. Y eso ningún equipo de gobierno, presente o futuro, te lo va a poder pagar, pero al menos que tu nombre siga siendo recordado con toda la fuerza de la que seamos capaces.

‘El anillo pa cuando’

De vez en mes, mientras hago mis kilometrillos diarios por tierras maragatas, dejo al spotify que decida él la música a escuchar… no está mal para descubrir de tarde en tarde algo nuevo. Aunque no siempre a uno le llega lo que espera, o desea: ‘interesante’ y ‘nuevo’ no van invariablemente juntas, como todos ustedes saben. En esas iba cuando, por el Camino Francés, cerca de Castrillo, saltó la amiga Jennifer López en mis auriculares. Venga, me digo, vamos a ver qué nos cuenta JLo, que parece que canta en cervantino idioma.

“Nunca había sentido algo tan grande
Y me vuelve loca tu lado salvaje
Tú me has dado tanto que he estado pensando
Ya lo tengo todo, pero”…
Pero qué Jennifer, pero qué… y resuelve la mocetona:

“¿Y el anillo pa cuándo?”

¿Cómo? ¿Ha preguntado por el anillo, en serio? Entre estupor, descojono y alucine sigo escuchando la joya literaria…

“Hueles como me gusta
Me besas como me gusta
Me agarras como me gusta
Así, así, que a mí me gusta…”

Versos de altura. Muérete otra vez Lorca. A ver si lo entiendo porque con este nivel no sé yo; o sea, todo muy guay con el noviete, pero la buena de Jennifer vuelve a preguntar “¿Y el anillo pa cuándo?” Bien amiga, inculcando valores a la peña… afortunadamente el tema termina, y me pongo a pensar. Y es que más allá del contenido de este tipo de canciones, catalogado de mil maneras poco amistosas: machismo, sexismo, materialismo, racismo… y unos cuantos ‘ismos’ más, ya la propia letra es un canto a la vagancia, la ignorancia, la falta de talento y sobre todo es un puñal contra el buen gusto. Vamos, que se lo curran poco. Intrigado por el asunto comienzo a escuchar otras ‘lindezas’ que ahora ocupan los primeros puestos de las listas de ventas y lloro. ¿Qué ha quedado de las baladas, los boleros, esos cantos llenos de poesía para interpretar soñando? Cenizas y recuerdos, pero también canciones que aguantan y aguantarán el paso del tiempo…

Fíjense lo que circula…

Dice un tal Daddy Yankee en su tema ‘Impacto’: “Eso lo quiero ver, qué pasa cuando te pego duro contra la pared”. Dice Becky G en ‘Mayores’: “A mí me gusta que me digan poesía,
al oído por la noche cuando hacemos groserías… A mí me gustan más grandes,
que no me quepa en la boca…” Dice el señor Enrique Iglesias en la canción ‘El Baño’: “Vámonos pal’ baño, que nadie nos está viendo. Si no me conoces, nos vamos conociendo”… con un par.
Y así podría rellenar una enciclopedia. Pienso en Serrat, en Armando Manzanero, Joaquín Sabina y Ricardo Arjona, en Leonard Cohen, Sinatra o Bob Dylan, incluso en Rafael, Nino Bravo o José Luís Perales, entre otros muchos…

“El milagro de existir… El instinto de buscar… La fortuna de encontrar… El gusto de conocer… La ilusión de vislumbrar… El placer de coincidir… El temor a reincidir… El orgullo de gustar… La emoción de desnudar…” (Tema ‘Y el amor’ de Serrat).

… y me vuelvo a preguntar por qué coño hemos pasado de esto a lo otro. E insisto, no hablo del mensaje, no hablo de lo que narra, que también, hablo de la pura estética de escribir literatura para después acompañarla con unas cuantas corcheas, fusas y semi fusas, hallando así en una canción algo diferente, que te haga pensar, disfrutar, soñar. Versos más o menos rebuscados, que no todo tienen que ser alegorías indescifrables o juegos de palabras imposibles, solo un poquito de clase hombre. Con poco, también se puede hacer mucho: “El tiempo que te quede libre si te es posible dedícalo a mí; a cambio de mi vida entera o lo que me queda y que te ofrezco yo, atiende preferentemente a toda esa gente que te pide amor…pero el tiempo que te quede libre si te es posible dedícalo a mí” (‘El tiempo que te quede libre’ de Luis Miguel)… solo hace falta un poco de sensibilidad… “Mujer, si puedes tú con Dios hablar, pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorar” (‘Perfidia’ de Manzanero) cientos de ejemplos en todos los idiomas, más o menos cursis, boleros latinos, canción italiana o Axel Rose desgañitándose con ‘November Rain’…lo que ustedes quieran, pero que no te hagan echar hasta la primera papilla, por favor.

Lo bueno es que al final todo cae por su propio peso… unos kilómetros después de mi encuentro con la señora López entró por mi tímpano el amigo Maluma, otro que tal baila, o que tal canta, diciendo algo de una orgia entre cuatro… al terminar, como si de una locomotora en una tienda de Porcelanosa se tratara, y en un bendito capricho aleatorio del programa, Bruce Springsteen hizo añicos todo lo anterior disparando sus cañones en ‘American Land’. Fue de nuevo ver a Clint Eastwood entrando en ese apestoso bar, llamando hijos de perra a todos, comenzando a vaciar de cartuchos su rifle y dejando a los cuatro de antes, incluido Maluma, bien esparcidos por la pared. Sin duda toda una experiencia religiosa, ¡ah! y sin anillo.

Respect for Buffon

Permítanme una licencia temática en el día de hoy.
“Respect for Italy”, le suplicaba Iker Casillas al árbitro en la final de la Eurocopa 2012, en los últimos instantes del encuentro cuando España ganaba por 4-0 a la selección transalpina. En ese partido estaba el veterano portero Gianluigi Buffon, que a finales de enero cumplía 40 años aún defendiendo la ‘maglia azzurra’ y también los colores de la Juventus de Turín. Ese fue uno de los primeros días amargos que cruzarían la vida de este deportista en los enfrentamientos recientes contra España o equipos españoles. Su último capítulo es sabido. Buffon es el portero al que Cristiano Ronaldo metió “la chilena del siglo”, “el gol más bello de la historia”, como algunos ya se han atrevido a considerar. No voy a entrar en esa disputa que hoy no me ocupa; solo diré que por preferir me quedo con el que Nacho metió a la Cultural Leonesa en copa del Rey en 2016 (por no hablar de la barbaridad de Ibrahimovic contra Inglaterra). Pero claro, es Nacho, y es contra la Cultu.

El caso es que el bueno de Gianluigi vuelve a sufrir a los ‘españoles’ una vez más, siendo testigo del gol más comentado de los últimos tiempos. Lejos de achantarse, el cancerbero habló abiertamente de la situación, reconociendo las cosas, alabando la jugada, volviéndose a vestir de Armani una vez más con sus declaraciones finas, caballerosas y elegantes. Un tipo al que sigo desde hace años, y que demuestra que en el mundo del fútbol, regido normalmente por niñatos egocéntricos, horteras y sumamente narcisistas, todavía hay de quien se pueda tomar ejemplo. Sus lágrimas pidiendo perdón a un país al ser eliminado del próximo mundial, asumiendo que habían fallado en algo importante a nivel social, quedan en la retina como un ejercicio de humildad y respeto, al igual que sus aplausos al himno sueco mientras era pitado por la grada en ese mismo partido. Iba a ser el único portero en la historia en asistir a seis mundiales. Algo que no va a cumplir. Difícil también tiene ganar una ‘Champions’ o llevarse un balón de oro. Dos premios que debería tener ya en sus vitrinas.

Buffon recuerda a otra clase de hombres, de los que ya no abundan, mucho menos en el fútbol. Tipos fuertes que saben llorar. Elegantes, sin banalidades; educados hasta el extremo, empáticos, agradables, cariñosos con los adversarios, a quienes no duda en alabar, situándose siempre un peldaño por debajo. De buen vestir, sin estridencias, donde una camisa y una corbata hablan casi siempre. Excelso dentro y fuera de los terrenos de juego. Un jugador de talla mundial que sabe cómo debe comportarse y porqué. Una imagen de un fútbol extinto, un John Wayne del balompié más cercano a gente como Quini, Di Stefano… El gran capitán que vio a gente como Maldini o Baresi portar el testigo que ahora él sustenta. Al igual que otros como Andrés Iniesta, hacen que aún haya respiro para un deporte que hace mucho dejó de ser ejemplo de nada. Y que ya se relaciona (casi siempre) con coches, fiestas, ropa y modelos, en lugar de disciplina, esfuerzo y sacrificio. Bueno sería que nuestros chavales se fijaran en Buffon como deportista y persona, y que copiaran su comportamiento y no el de otros ‘ilustres ignorantes’ que regenta la profesión.

Siento pena cuando veo algunos (no todos, por supuesto) chavales de muchos equipos menores, entre ellos el Atlético Astorga, entrar en un bar mirando por encima del hombro, cortados todos por el mismo patrón de tupé engominado bien arriba, pantalones pitillo, zapatillas sin calcetines y creyéndose los reyes del mambo… tomando otros ejemplos, los más fáciles de seguir y en donde la humildad queda lejos, a cien años luz. Ver esos comportamientos en jugadores de primera división es triste, verlos en jugadores de tercera roza lo patético. Y creo que si los futbolistas que así se comportan, neceser falso de Louis Vuitton en mano, se vieran desde fuera, se lo pensarían dos veces. Si yo fuera entrenador pondría a mis chicos vídeos del gran portero italiano de quien hoy les hablo. Pero no secuencias de sus paradas o intervenciones, de sus reflejos o despejes… serían imágenes de sus declaraciones, de sus maneras, de su comportamiento y respeto al rival, de sus valores, de su ilusión y sacrificio… y sobre todo de cómo se debe ganar y perder en un deporte, con altitud de miras, con clase y respeto, educación y mucha humildad, algo que parece haber quedado en otro tiempo, lamentablemente.

Mataron la Semana Santa

O al menos la hirieron de gravedad. Y Astorga, por mucho interés nacional que tenga su actividad durante estos días, no es Valladolid, ni siquiera León. La ciudad concentra sus mejores momentos del año durante la Semana de Pasión: por gente, por ambiente, por tradición, por negocio… mucho y concentrado; haciendo de estas jornadas algo único que solo pasa ahora. Me da que ni siquiera en las fiestas de agosto hay tanto movimiento. En la bimilenaria urbe, al igual que en muchas otras localidades de la comunidad autónoma, la Santa Semana se subraya en rojo como oportunidad de atraer cientos de visitantes, ponerse en el mapa. Es época de turismo de interior, turismo religioso, turismo gastronómico y regreso a casa de los naturales que residen fuera. Se junta todo para que la localidad estalle de pasión, y nunca mejor escrito.

Y en esto llega la Junta y dice que las vacaciones escolares de Semana Santa son después de Semana Santa. Olé. Con un par. Y los niños, que mueven montañas y padres, han hecho sin pretenderlo que los primeros días de la semana hayan sido bastante tristes. Tristes por la poca participación vista en las procesiones, por el escaso público viéndolas… normal, madrugando al día siguiente es complicado que puedan acudir a desfilar, o a ver, ellos y sus papás… puede parecer algo nimio, pero no lo es; los primeros días en Astorga han estado bastante ‘vacíos’ y en gran parte es porque los alumnos, toda la comunidad escolar realmente, no ha podido ser parte aún de las celebraciones, no ha podido o no la han dejado, para ser precisos. Y es cierto que el tiempo (climatológico) no ha ayudado, es cierto que la Semana de Pasión astorgana vive en estos momentos en un pequeño valle, que ha hecho que merme en todos los sentidos, desde hace algunos años. No hay declive, no me atrevo a decirlo así, pero sí veo una clara tendencia a la baja, al menos en cuanto a participación activa (¿un paso de la procesión de la Santa Cena pujado por miembros de Protección Civil?), salvada como suele ser habitual por los barrios de Rectivía y especialmente Puerta de Rey, que siguen tirando del carro, ahora con más necesidad que nunca. Todo ello confluye, y a falta de los días importantes, donde habrá ambiente si o si, el hecho de postergar las vacaciones escolares, y más en una comunidad con tanta tradición ‘semanasantera’, es un lastre pesado que en lugares pequeños hace más escarnio aún.

Hace unos días un profesor me decía que él y muchos de sus colegas creían que con solo una semana no era suficiente descanso para ellos y los alumnos. Otra maestra se exculpaba comentando que las fechas no las ponen ellos sino la consejería de Educación. Vamos a ver. Si las vacaciones son la semana posterior que no las llamen vacaciones de Semana Santa, que digan ‘vacaciones de primavera’, ‘vacaciones para irnos de viaje más barato’ o ‘vacaciones post resaca ‘limonadera’’; pero no de Semana Santa. Eso por ahí. Por otra parte pienso que si dos de las tres partes que conforman la comunidad educativa, como son alumnos y padres, no quieren este formato, ¿por qué no se les escucha? Los niños y jóvenes no acuden a las procesiones porque tienen cole la mañana siguiente. Los papás tampoco pueden disfrutar por el mismo motivo. Y la siguiente semana se las ven y se las desean para poder conciliar: tirando de abuelos, ludotecas, campamentos urbanos o teniendo por obligación que coger también días libres… y es que al parecer otro de los motivos esgrimidos por algunos docentes apunta a un ‘acuerdo’ con la hostelería, “para que la gente se mueva más”. ¿Más? ¿Acaso hay poco movimiento estos días? Y para que se muevan más a dónde. Si viajan no va a ser dentro de la región, con lo que no creo que la hostelería castellano y leonesa salga muy beneficiada… ¿no les parece?… todo fenomenal oiga. Seré yo y la gente que me rodea y con quien hablo, que no vemos las razones de este sinsentido. Una decisión que ni la asociación de juntas profomento de Castilla y León pudo cambiar, a pesar de la certera carta enviada al gobierno de Herrera exponiendo mil y una razones para poner las holganzas desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Pascua.

¿Será que nuestros gobernantes tienen miedo a estos ‘pros’ que se indignan al pensar que la Junta da esta libranza por motivo religioso en un país laico? Esto, amigos, ya no es una cuestión sólo de religión, es tradición y es futuro, economía pura y dura. La Semana Santa es vida para Astorga. Quizás las vacaciones no las pongan los profesores pero creo que su palabra sería escuchada si lucharan por el cambio de fechas, quizás no quieran, no lo sé. Señores gobernantes, están matando la Semana Santa. Se están cargando una tradición y si no cambian los más jóvenes empezarán a no asociar su periodo de recreo en esta época con la participación activa o pasiva de los actos, y luego nos echaremos las manos a la cabeza, recordando cómo estaba Astorga durante estos días, y lo bueno que era para todos.

Mon, el del pabellón

Ramón Castellano, Mon, “el del pabellón”, hizo Astorga, construyó vida en la capital maragata. Forma parte por derecho propio de su historia, de la página que el deporte va escribiendo en la romana urbe a lo largo de los años, sobre todo de una parte de esa actividad, la más importante, la que concentraba y concentra desde hace más de 30 años este edificio enladrillado, por el que hemos pasado varias generaciones de chavales practicando algún deporte, bajo su mirada de ojos claros.

Nos vio pasar por su segunda casa, o primera: ‘el poli’. Un recinto en donde no había zapatilla de calle que tuviera la desfachatez de plantarse encima de la pista de juego, no había mano enemiga que se atreviera a arrancar una flor, o una rosa de las que tanto cuidaba en el jardín de la entrada. Ramón era una buena persona que hizo de su labor un estilo de vida, una vida miserablemente truncada cuando podía comenzar a disfrutarla de otra manera. De eterno chándal y blancas playeras, Mon era un tipo con el ‘No’ de entrada para casi todo: Mon, ábreme el baño que no aguanto más. ¡No! Mon, déjame jugar con éstas que las otras las tengo lavando. ¡No! Mon, si no está ocupada la pista déjanos un rato más anda. ¡No!….pero esos ‘noes’ dibujaban ‘sies’ como casas de grandes. A veces ocurre, Mon, te decía ¡Sí! con su No. Al final podías jugar con las zapas de calle, te abría el dichoso baño y te dejaba en la pista libre todo el rato del mundo. Mon, educó a más rapaces que muchos profesores. Uno de esos casos raros y excepcionales, a veces pasa, de persona a la que todo dios quiere y aprecia. Daba igual si recibías una bronca, lo querías, y lo querías porque al final demostraba toda esa bondad, amabilidad y mano izquierda de la que carecen normalmente muchos funcionarios públicos, abotargados en su propia desidia.

Su labor de tres décadas, con maratonianas jornadas de trabajo y sin una mala cara, sin un mal gesto, sin una mala palabra ante los que por allí pasamos en muchas ocasiones durante toda nuestra infancia y adolescencia, debería ser reconocida un poco más, o al menos, un poco. Así lo hace el que suscribe desde esta pequeña ventana, por mí, y hablo, creo firmemente, por un montón de generaciones más, un recuerdo cariñoso para quien se ganó formar parte para siempre de nuestros mejores recuerdos.

Esperaba, después de toda su dedicación, implicación y resolución de tantos años algún tipo de reconocimiento público del organismo para el que trabajó. Quizás un pequeño acto, un funeral en la ciudad de la que era un natural más, donde no nació pero sí pació gran parte de su vida. Yo lo tengo muy claro e iría un poco más allá. ¿Por qué no darle al pabellón su nombre? ‘Polideportivo Ramón Castellano’. Queda chulo ¿no? Mis respetos al hombre y al nombre que actualmente luce el recinto, pero no deja de ser curioso que Miñambres dé título a un espacio donde se practican casi todos los deportes menos el que hizo famoso al ex jugador de fútbol. Llámenme loco, pero lo veo así. El nombre para quien se lo gana, para el que forma parte de la historia de ese lugar, y Mon no es que forme parte de ella, Mon es la historia del pabellón. No espero nada semejante desde el gobierno municipal, pero no por ello me lo iba a callar, saben los que de vez en cuando asoman la nariz por aquí que ese no es mi estilo. Sentí una pena terrible al enterarme de su fallecimiento y las circunstancias que lo rodearon, y para mí no solo los Panero o Gullón hacen la historia de Astorga, hombres como Ramón también la escriben, desde la calle, desde el día a día, desde la verdad de un pueblo y sus gentes. Descanse en paz Mon, el del pabellón.

Descojono urológico

De verdad que uno lo intenta. Uno deja descansar su blog varios meses para que tome aire y respire. El autor se toma un tiempo para otras cosas, que le den menos disgustos, también menos alegrías. Ofrecer merecido descanso a políticos y políticas; particulares y particularas, y que ellos me lo den a mí. Y de paso dar por imposible que algunos consigan diferenciar el bloguero del profesional, el opinador del narrador. Que hay veces que se tambalean los garbanzos. Y para tanto no compensa este ‘Antojano’. Pero llega un momento, queridos niños y niñas, que tengo que sacar el veneno que me quema el estomago porque si no me va a matar. Y lo vomito. No será por temas, que los hay como para despachar pan y no parar, pero quizás el asunto sanitario sea uno de los que más me toca la moral. Porque es, desde luego que lo es, lo más sensible para todos, lo único que realmente debería preocupar a esos poltroneros oficiales llamados políticos. Y una cosa es decir y no hacer, y otra es descojonarse a la cara de la gente.

Hablo del nuevo y flamante servicio de Urología del Centro de Especialidades Médicas de Astorga. Qué maravilla oiga. A bombo y platillo llegaba, hace un par de meses, el señor Rafael López Iglesias, gerente regional de salud, para anunciarlo, dándose ‘parabienes’ y abrazos varios con los representantes locales, miembros (y miembras) de su partido. Conquista del esfuerzo, trabajo bien hecho “y desde los despachos”, algo que gusta mucho decir a nuestros ‘populares’ representantes. Fíjese usted que bien. Urólogo una vez al mes. Una vez al mes para un centro de salud que comprende dos zonas sanitaras (Astorga I y II; ciudad y comarcas) y que suma unos 20.000 habitantes. Como decía mi madre: la solución es como el que tiene tos y se rasca la barriga. Que venga un responsable de calado (se supone) a decir esto es simple y llanamente lamentable y sobre todo muy bochornoso. Levantaron un centro nuevo para ganar unas elecciones y ahora nos encontramos con un edificio que cumple lo mismo que el anterior, o menos, más alejado del centro de la ciudad, cuyos muros tapan ventanas del bloque aledaño creando un paisaje de ladrillo y en donde el humo de sus chimeneas inunda las viviendas de ese mismo edificio. Pero eso sí, con urología una vez al mes; demos gracias a Dios y al pepé. “Poco a poco se van consiguiendo las cosas”, dicen desde el Consistorio. Y tanto, amigos. Hace cinco años que abrió sus puertas el nuevo emplazamiento, concretamente el 28 de febrero de 2013 se abrían las urgencias y el 4 de marzo el resto del servicio. Fíjense ustedes si la cosa va con calma. La insatisfacción es mayúscula, se quitan servicios, médicos y personal auxiliar. Unas urgencias donde ni siquiera te hacen una radiografía, y el Hospital de León colapsado, con horas de espera en urgencias.

Y las especialidades sin llegar, o si llegan lo hacen tarde mal y nunca. Medicina interna parece que lo arregla todo; el urólogo viene una vez al mes, los viernes, pero como en marzo coincide su viernes con Semana Santa habrá que esperar a finales de abril para verlo. Dos meses. ¿De verdad señor López Iglesias esto es implantar una especialidad? No se lo cree ni usted, ni el alcalde de la ciudad, ni el concejal de turno ni el último de los vecinos, por supuesto; de ahí que parezca algo ciertamente insultante que llegue para alardear de ello. Filtre una nota de prensa y cállese, pero no venda la moto que no tenemos casco, aunque deberíamos de ponerlo al menos para recibir las tortas en esto de la sanidad rural. No hay más recursos, dicen, pero sí los hay para que tres cargos públicos de León se desplacen a un mismo punto en tres coches diferentes, con tres conductores distintos, con tres gabinetes distintos, con tres fotógrafos distintos. Por favor, estamos jugando con la salud de las personas, con el bienestar más básico del que esta sociedad presume. Una sanidad pública y de (cierta) calidad. Al menos eso. Es más, si no se puede implantar ésta u otra especialidad no lo hagan. Pero por Dios, que no venga el listo de turno a tomarnos el pelo, que ya estamos hartos.

El legado de Carlos Alonso

El pasado lunes 11 la capital maragata lloraba la muerte de Carlos Alonso, mítico quiosquero astorgano que sucumbía ante un cáncer después de varios años de lucha. Con 54 años deja a su mujer Mar, y sus dos hijos; Estela y Carlos con un profundo vacío, pero también lega a los astorganos una gran recopilación fotográfica que consiguió reunir durante varios años, con la ayuda de, precisamente, muchos oriundos que fueron depositando sus ‘viejas’ fotos en el ‘quiosco de Carlos’. El pequeño empresario había hecho un llamamiento para crear una gran base de imágenes antiguas. Él, coleccionista durante varias décadas, consiguió reunir 1.500 fotos de finales del siglo XIX y todo el XX que a cada instante cobran más valor.

Carlos no pedía demasiados requisitos, pero sí algunos. Evidentemente “fotos de nuestros abuelos, bisabuelos y demás antepasados todos tenemos, quien más quien menos posee un buen puñado de ellas. Esa no es la cuestión. La idea es que las imágenes reflejen lugares… calles, plazas, parques, edificios de toda índole, medios de transporte… fotos que den a conocer esos rincones de Astorga perdidos o enterrados bajo nuevas edificaciones”, me decía el propio Alonso a principios del año 2014, cuando ya llevaba unos meses pidiendo colaboración para ampliar el catálogo. Admitía imágenes de todas las épocas, de los años 80 hacia atrás, “aunque cuanto más antiguas mejor”.

¿Qué ofrecía a cambio de tanta generosidad ciudadana? Pues ni más ni menos que compartir todas las fotos que él había ido recopilando a lo largo de los años, y que además digitalizó, con todos los que lo ayudaron y colaboraron. Así que cualquier vecino podía tener una fantástica colección de fotos de Astorga con tan solo llevar un ‘pen-drive’ a su tienda. Logró congregar más de 1.500 imágenes que enmarcó en 21 categorías distintas: anuncios, Ayuntamiento y Casino, carteles, catedral y palacio, chocolate y mantecadas, comercio, ‘varios’, calles y edificios, fiestas, plaza del ‘León y el Águila’, maragatos, muralla y jardín, música, personajes, Plaza Mayor, prensa, programas de mano, Semana Santa, Seminario y Cuartel militar, toros – deportes, tren y vehículos. Un profundo repaso a la historia de una ciudad y sus gentes a lo largo de un siglo de vida.

Se puede ver la Plaza Mayor, con sus viejas casas circundando el Ayuntamiento, el mercado de los martes, con los burros al lado de los puestos esperando para cargar de nuevo la mercancía. El viejo Centro de Salud e Higiene, con su fastuoso jardín, o la primera fuente morisca del jardín de la Sinagoga. Fotos del barrio de Puerta de Rey o San Andrés con las casas de adobe y las calles hechas un camino de cabras. Fotos que llaman poderosamente la atención como las obras de construcción del palacio de Gaudí; o de la catedral sin una de sus torres, derruida tras el terremoto de Lisboa de 1755 y que hasta el año 1965 no pudo ser levantada de nuevo. Paisaje y mucho paisanaje: curas, obispos, militares, seminaristas y primeras promociones del instituto, plañideras de Semana Santa, políticos… momentos históricos, como la visita del rey Alfonso XIII a la ciudad. Un completo retrato de la vida pública y en algún caso privada, de los astorganos. Un trabajo que supone la mayor recopilación histórica de imágenes de la bimilenaria urbe, y de la que disponen un buen número de vecinos.

Carlos no tendrá reconocimientos públicos, su efigie no decorará la pared del salón de plenos del Ayuntamiento. Carlos no quedará reflejado en los libros de historia, ni se harán jornadas para hablar de su trabajo. Pero él sí consiguió algo más importante. Conectó con la gente, hizo felices a varias generaciones de chavales, cosa que no consiguieron ni los Panero ni los Gullón, escribió una página preciosa del centro de la ciudad con su quiosco, y además legó algo real y gratuito a los astorganos, la propia historia de su ciudad. Yo me quedo con eso. Tal y como él decía, “necesito fotos la época romana, sobre el siglo II d. C, si alguien las tiene que me las pase”.

El ‘bolo’ astorgano del señor Torrente

¡Americanos, os recibimos con alegría! Cantaban los habitantes de la pequeña localidad de Villar del Río, lugar al que iban a llegar los diplomáticos estadounidenses con el Plan Marshall bajo el brazo. Un pueblo esperando la comitiva con sus mejores galas, alentados por el alcalde, genial Pepe Isbert, ‘malmetido’ por el no menos grande Manolo Morán, quien parecía tener la clave para recibir a los americanos como se merecen. Un Ayuntamiento pidiendo a los parroquianos salir a la Plaza Mayor para recibir tan esperada corte.

Pues bien señores, toda esta ‘berlanguiana’ escena me ha venido rápido a la cabeza al leer la última nota de prensa del Consistorio astorgano, que anima a los ciudadanos a salir a la Plaza Mayor este sábado a las cinco de la tarde (ya tienen plan) para recibir como se merece a… Torrente Torrente, bueno, perdón, Santiago Segura, popular actor y director (aunque yo hablaría de colaborador de programas de televisión como su principal ocupación) que este año es premio de honor del Festival de Cine de Astorga, que cumple 20 años. Me decía una compañera periodista que la escena, con el gentío en la plaza esperando la llegada en descapotable del ilustre invitado, es tan paleta como la de la mítica película de Berlanga, aunque yo creo que es aún peor. Primero porque la cinta del director valenciano era eso, una peli, y en segundo lugar porque los habitantes de Villar del Rio no tenían ni idea de lo que realmente iba a suceder. Salir a recibir a Santiago Segura… hombre, una cosa es darle el premio de honor, el cual creo que no merece (al menos por ahora), y otra recibirle como si fuera el Papa de Roma.

Sinceramente, me da un poco de pena que para el 20 aniversario de este festival, que todo sea dicho se ha convertido en uno de los mejores de España en su categoría, se haya elegido al señor Segura, quien hizo una peliculita llamada Torrente, que, eso sí, tenía cierto interés y que consiguió reventar la taquilla, y posteriormente añadió otras cuatro (creo) convertidas en videoclips, sucesión de gags sin gracia, y reguero inagotable de ‘cameos’ con lo más casposo del país. Actor con maneras cuando le dan un buen guión y lo antes dicho; colaborador tertuliano de programas varios (demasiados). Y es que toda comparación es odiosa pero a veces necesaria. Hablamos de otros premios honoríficos en Astorga y vemos a José Luis Cuerda, Jaime Chávarri, Elías Querejeta, Carlos Saura, Mario Camus, Basilio Martín Patino, Fernando Colomo, Javier Fesser, Montxo Armendáriz… puf, ¡¡sonroja, eh!! Me parece que hay bastante gente aun que debería estar en este vigésimo certamen recogiendo el trofeo, antes que Santiago Segura.

Lo que ya me descuadra del todo es que por primera vez en el evento (y creo que en todos los similares que pueblan la geografía patria) el premio de honor lleva aparejada una dotación económica. Nada menos que 2.500 pavos de vellón que se va a llevar el actor madrileño por venir a por su búho de Gaudí. Total, que nos quedamos sin saber si el bueno de Segura viene por el reconocimiento o por la pasta. Está complicado averiguarlo. 2.500 por estar 24 horas en Astorga más bien parece un bolo que un homenaje. El viaje, la estancia, las dietas… lógico que esos conceptos los abone la organización, pero soltar semejante cheque… me pregunto yo, ¿no hubiera sido mejor destinarlo a otras cuestiones, como aumentar la dotación de los premios? O ya poniéndonos muy españoles y mucho españoles, si le das esa pasta al intérprete de Torrente para que venga, porque si no, no viene, al menos no lo cuentes, coño.

Negra Astorga

Hablando de novela negra. Me decían hace unos días que me iba a tener que marchar de Astorga porque le daba mucha caña al Ayuntamiento, que los tenía muy enfadados. Que cualquier día me buscarían las cosquillas; no sé; mi imaginación vuela rápido y enseguida me pongo nervioso. Caer bajo las redes enmarañadas del poder político es algo a tener en cuenta. He visto ‘The Wire’ y he leído a Chirbes así que… cualquier sombra puede acechar en la siguiente esquina. Sin embargo yo creo que ocurre todo lo contrario, seguro que los políticos de la muy romana urbe están encantados con que haya alguien, varios somos, que de vez en cuando intentemos, con más o menos acierto, bajarles de la nube, con las cosas que vemos se pueden mejorar, en nuestra humilde, y en este caso, subjetiva opinión. Estoy convencido de que los maragatos ediles, incluido el primero de ellos, no son de esta clase de políticos que se encierran bajo su cohorte de ‘admiradores’ y se crean una burbuja de alabanzas y ‘parabienes’ donde la crítica no es bien recibida y sí mal atendida. Políticos en la nube hay muchos pero insisto en que los de la capital maragata, convencido estoy, no están entre ellos, ¿no?.

Para los que sospechen que el que suscribe tiene animadversión indefinida por este nuestro Consistorio ahí va una de arena fina; no para compensar, no me siento en la obligación, sino porque creo es de justicia. Hablo de la organización de la semana dedicada a la novela negra (y todo su contexto real y ficticio) denominada ‘Jornadas de Negro en Astorga’. Un acercamiento a este mundo que pretende poner la primera piedra para que la ciudad sea ‘Negra’, como ya lo es Gijón o Getafe, con arraigadas actividades en este sentido. Para ello la responsable de Cultura, Emilia Villanueva, contaba la pasada semana con la presencia de autenticas máquinas en este ámbito, destacando por encima de todos la del novelista Lorenzo Silva, uno de los maestros en este tipo de narrativa en la actualidad y seguramente ya a la altura de otros como Vázquez Montalbán, Juan Madrid, José Luis Pavón o el mismo Rafael Chirbes. Todo un primer espada que dio una clase magistral sobre novela negra, junto con otros grandes como Ricardo Magaz, el mejor criminalista de España, Noemí Sabugal o el maestro Juan Pedro Aparicio. La Casa Panero, que para eso está, acogió esta mesa donde se habló de muchas cosas, pero en la que se dejó patente el buen momento del estilo en España y sobre todo el gran paso que ha dado este tipo de literatura, que ofrece ya grandes obras a la altura de otros géneros.

Silva reconoció dos aspectos que me parecieron fascinantes dentro de esta temática en nuestro país. El primero es que la novela negra no es nido de grandes malos, si no de buenos detectives: “me sorprenden los autores que crean criminales con una inteligencia sobre humana; si la tuvieran quizás no fueran criminales ¿no creen?”, reflexionaba el autor madrileño. El segundo punto es que el tono novelesco español más negro ha adquirido tintes propios. Hemos dejado atrás definitivamente a Chandler, Highsmith o Hammett (aunque sigue siendo obligatorio leerlos) para crear nuestros propios ambientes. Aquí no huele a tabaco, whisky o café; no está todo en penumbra ni tenemos sombreros. En este país huele a sudor, a palizas, sobres y obras, concejales con colonia barata y calles sucias pero muy soleadas. Y con eso lo negro sale a rebosar. El mal nutre de historias a cada paso, a cada instante. La novela española se ha dado cuenta y el cine lo empieza a hacer, con peliculones como ‘Que Dios nos perdone’ o ‘El hombre de las mil caras’. Nuestra historia es negra, y no hace falta ni salir de ella para encontrar buenas historias.

Las jornadas continuaron con una exposición organizada junto con los cuerpos de seguridad con elementos criminalísticos reales y otra mesa redonda con policías que contaron que, como suele ocurrir, la ficción supera casi siempre a la realidad. Una segunda jornada presidida por la subdelegada María Teresa Mata, que se está ganando el sueldo euro a euro. Para finalizar, el pasado jueves llegaba el cine, con la proyección de la mencionada ‘Que Dios nos perdone’, de Rodrigo Sorogoyen, una obra maestra del cine negro español muy recomendada por el propio Lorenzo Silva. Si la concejala hubiera traído al director o a alguno de los actores para hacer un pequeño ‘cine fórum’ ya habría sido para ponerle un monumento. Otro año será. Bravo por estas jornadas y que sigan, al igual que otras actividades como ‘Tardes de Autor’, también muy reseñables.

Enhorabuena para la señora Villanueva. Yo prefiero menos actividad cultural pero de calidad real. Con gente que aporte y que marque diferencias. Cuando hay que rellenar un evento de este tipo conmigo en la mesa redonda mal pinta la cosa. Pero los hay peores. Los colegas que escriben cuentos están bien; pero Lorenzo Silva está mucho mejor. De vez en cuando, para cubrir el expediente cultural, los ayuntamientos meten actividades poco interesantes o con nula calidad como para llenar una sala, le pasaba al anterior equipo de gobierno en alguna ocasión; realmente a todos les pasa.
Ya ven, cuando tengo que alabar, alabo. No todo van a ser palos, solo los justos y necesarios.