El legado de Carlos Alonso

El pasado lunes 11 la capital maragata lloraba la muerte de Carlos Alonso, mítico quiosquero astorgano que sucumbía ante un cáncer después de varios años de lucha. Con 54 años deja a su mujer Mar, y sus dos hijos; Estela y Carlos con un profundo vacío, pero también lega a los astorganos una gran recopilación fotográfica que consiguió reunir durante varios años, con la ayuda de, precisamente, muchos oriundos que fueron depositando sus ‘viejas’ fotos en el ‘quiosco de Carlos’. El pequeño empresario había hecho un llamamiento para crear una gran base de imágenes antiguas. Él, coleccionista durante varias décadas, consiguió reunir 1.500 fotos de finales del siglo XIX y todo el XX que a cada instante cobran más valor.

Carlos no pedía demasiados requisitos, pero sí algunos. Evidentemente “fotos de nuestros abuelos, bisabuelos y demás antepasados todos tenemos, quien más quien menos posee un buen puñado de ellas. Esa no es la cuestión. La idea es que las imágenes reflejen lugares… calles, plazas, parques, edificios de toda índole, medios de transporte… fotos que den a conocer esos rincones de Astorga perdidos o enterrados bajo nuevas edificaciones”, me decía el propio Alonso a principios del año 2014, cuando ya llevaba unos meses pidiendo colaboración para ampliar el catálogo. Admitía imágenes de todas las épocas, de los años 80 hacia atrás, “aunque cuanto más antiguas mejor”.

¿Qué ofrecía a cambio de tanta generosidad ciudadana? Pues ni más ni menos que compartir todas las fotos que él había ido recopilando a lo largo de los años, y que además digitalizó, con todos los que lo ayudaron y colaboraron. Así que cualquier vecino podía tener una fantástica colección de fotos de Astorga con tan solo llevar un ‘pen-drive’ a su tienda. Logró congregar más de 1.500 imágenes que enmarcó en 21 categorías distintas: anuncios, Ayuntamiento y Casino, carteles, catedral y palacio, chocolate y mantecadas, comercio, ‘varios’, calles y edificios, fiestas, plaza del ‘León y el Águila’, maragatos, muralla y jardín, música, personajes, Plaza Mayor, prensa, programas de mano, Semana Santa, Seminario y Cuartel militar, toros – deportes, tren y vehículos. Un profundo repaso a la historia de una ciudad y sus gentes a lo largo de un siglo de vida.

Se puede ver la Plaza Mayor, con sus viejas casas circundando el Ayuntamiento, el mercado de los martes, con los burros al lado de los puestos esperando para cargar de nuevo la mercancía. El viejo Centro de Salud e Higiene, con su fastuoso jardín, o la primera fuente morisca del jardín de la Sinagoga. Fotos del barrio de Puerta de Rey o San Andrés con las casas de adobe y las calles hechas un camino de cabras. Fotos que llaman poderosamente la atención como las obras de construcción del palacio de Gaudí; o de la catedral sin una de sus torres, derruida tras el terremoto de Lisboa de 1755 y que hasta el año 1965 no pudo ser levantada de nuevo. Paisaje y mucho paisanaje: curas, obispos, militares, seminaristas y primeras promociones del instituto, plañideras de Semana Santa, políticos… momentos históricos, como la visita del rey Alfonso XIII a la ciudad. Un completo retrato de la vida pública y en algún caso privada, de los astorganos. Un trabajo que supone la mayor recopilación histórica de imágenes de la bimilenaria urbe, y de la que disponen un buen número de vecinos.

Carlos no tendrá reconocimientos públicos, su efigie no decorará la pared del salón de plenos del Ayuntamiento. Carlos no quedará reflejado en los libros de historia, ni se harán jornadas para hablar de su trabajo. Pero él sí consiguió algo más importante. Conectó con la gente, hizo felices a varias generaciones de chavales, cosa que no consiguieron ni los Panero ni los Gullón, escribió una página preciosa del centro de la ciudad con su quiosco, y además legó algo real y gratuito a los astorganos, la propia historia de su ciudad. Yo me quedo con eso. Tal y como él decía, “necesito fotos la época romana, sobre el siglo II d. C, si alguien las tiene que me las pase”.

Anuncios

El ‘bolo’ astorgano del señor Torrente

¡Americanos, os recibimos con alegría! Cantaban los habitantes de la pequeña localidad de Villar del Río, lugar al que iban a llegar los diplomáticos estadounidenses con el Plan Marshall bajo el brazo. Un pueblo esperando la comitiva con sus mejores galas, alentados por el alcalde, genial Pepe Isbert, ‘malmetido’ por el no menos grande Manolo Morán, quien parecía tener la clave para recibir a los americanos como se merecen. Un Ayuntamiento pidiendo a los parroquianos salir a la Plaza Mayor para recibir tan esperada corte.

Pues bien señores, toda esta ‘berlanguiana’ escena me ha venido rápido a la cabeza al leer la última nota de prensa del Consistorio astorgano, que anima a los ciudadanos a salir a la Plaza Mayor este sábado a las cinco de la tarde (ya tienen plan) para recibir como se merece a… Torrente Torrente, bueno, perdón, Santiago Segura, popular actor y director (aunque yo hablaría de colaborador de programas de televisión como su principal ocupación) que este año es premio de honor del Festival de Cine de Astorga, que cumple 20 años. Me decía una compañera periodista que la escena, con el gentío en la plaza esperando la llegada en descapotable del ilustre invitado, es tan paleta como la de la mítica película de Berlanga, aunque yo creo que es aún peor. Primero porque la cinta del director valenciano era eso, una peli, y en segundo lugar porque los habitantes de Villar del Rio no tenían ni idea de lo que realmente iba a suceder. Salir a recibir a Santiago Segura… hombre, una cosa es darle el premio de honor, el cual creo que no merece (al menos por ahora), y otra recibirle como si fuera el Papa de Roma.

Sinceramente, me da un poco de pena que para el 20 aniversario de este festival, que todo sea dicho se ha convertido en uno de los mejores de España en su categoría, se haya elegido al señor Segura, quien hizo una peliculita llamada Torrente, que, eso sí, tenía cierto interés y que consiguió reventar la taquilla, y posteriormente añadió otras cuatro (creo) convertidas en videoclips, sucesión de gags sin gracia, y reguero inagotable de ‘cameos’ con lo más casposo del país. Actor con maneras cuando le dan un buen guión y lo antes dicho; colaborador tertuliano de programas varios (demasiados). Y es que toda comparación es odiosa pero a veces necesaria. Hablamos de otros premios honoríficos en Astorga y vemos a José Luis Cuerda, Jaime Chávarri, Elías Querejeta, Carlos Saura, Mario Camus, Basilio Martín Patino, Fernando Colomo, Javier Fesser, Montxo Armendáriz… puf, ¡¡sonroja, eh!! Me parece que hay bastante gente aun que debería estar en este vigésimo certamen recogiendo el trofeo, antes que Santiago Segura.

Lo que ya me descuadra del todo es que por primera vez en el evento (y creo que en todos los similares que pueblan la geografía patria) el premio de honor lleva aparejada una dotación económica. Nada menos que 2.500 pavos de vellón que se va a llevar el actor madrileño por venir a por su búho de Gaudí. Total, que nos quedamos sin saber si el bueno de Segura viene por el reconocimiento o por la pasta. Está complicado averiguarlo. 2.500 por estar 24 horas en Astorga más bien parece un bolo que un homenaje. El viaje, la estancia, las dietas… lógico que esos conceptos los abone la organización, pero soltar semejante cheque… me pregunto yo, ¿no hubiera sido mejor destinarlo a otras cuestiones, como aumentar la dotación de los premios? O ya poniéndonos muy españoles y mucho españoles, si le das esa pasta al intérprete de Torrente para que venga, porque si no, no viene, al menos no lo cuentes, coño.

Negra Astorga

Hablando de novela negra. Me decían hace unos días que me iba a tener que marchar de Astorga porque le daba mucha caña al Ayuntamiento, que los tenía muy enfadados. Que cualquier día me buscarían las cosquillas; no sé; mi imaginación vuela rápido y enseguida me pongo nervioso. Caer bajo las redes enmarañadas del poder político es algo a tener en cuenta. He visto ‘The Wire’ y he leído a Chirbes así que… cualquier sombra puede acechar en la siguiente esquina. Sin embargo yo creo que ocurre todo lo contrario, seguro que los políticos de la muy romana urbe están encantados con que haya alguien, varios somos, que de vez en cuando intentemos, con más o menos acierto, bajarles de la nube, con las cosas que vemos se pueden mejorar, en nuestra humilde, y en este caso, subjetiva opinión. Estoy convencido de que los maragatos ediles, incluido el primero de ellos, no son de esta clase de políticos que se encierran bajo su cohorte de ‘admiradores’ y se crean una burbuja de alabanzas y ‘parabienes’ donde la crítica no es bien recibida y sí mal atendida. Políticos en la nube hay muchos pero insisto en que los de la capital maragata, convencido estoy, no están entre ellos, ¿no?.

Para los que sospechen que el que suscribe tiene animadversión indefinida por este nuestro Consistorio ahí va una de arena fina; no para compensar, no me siento en la obligación, sino porque creo es de justicia. Hablo de la organización de la semana dedicada a la novela negra (y todo su contexto real y ficticio) denominada ‘Jornadas de Negro en Astorga’. Un acercamiento a este mundo que pretende poner la primera piedra para que la ciudad sea ‘Negra’, como ya lo es Gijón o Getafe, con arraigadas actividades en este sentido. Para ello la responsable de Cultura, Emilia Villanueva, contaba la pasada semana con la presencia de autenticas máquinas en este ámbito, destacando por encima de todos la del novelista Lorenzo Silva, uno de los maestros en este tipo de narrativa en la actualidad y seguramente ya a la altura de otros como Vázquez Montalbán, Juan Madrid, José Luis Pavón o el mismo Rafael Chirbes. Todo un primer espada que dio una clase magistral sobre novela negra, junto con otros grandes como Ricardo Magaz, el mejor criminalista de España, Noemí Sabugal o el maestro Juan Pedro Aparicio. La Casa Panero, que para eso está, acogió esta mesa donde se habló de muchas cosas, pero en la que se dejó patente el buen momento del estilo en España y sobre todo el gran paso que ha dado este tipo de literatura, que ofrece ya grandes obras a la altura de otros géneros.

Silva reconoció dos aspectos que me parecieron fascinantes dentro de esta temática en nuestro país. El primero es que la novela negra no es nido de grandes malos, si no de buenos detectives: “me sorprenden los autores que crean criminales con una inteligencia sobre humana; si la tuvieran quizás no fueran criminales ¿no creen?”, reflexionaba el autor madrileño. El segundo punto es que el tono novelesco español más negro ha adquirido tintes propios. Hemos dejado atrás definitivamente a Chandler, Highsmith o Hammett (aunque sigue siendo obligatorio leerlos) para crear nuestros propios ambientes. Aquí no huele a tabaco, whisky o café; no está todo en penumbra ni tenemos sombreros. En este país huele a sudor, a palizas, sobres y obras, concejales con colonia barata y calles sucias pero muy soleadas. Y con eso lo negro sale a rebosar. El mal nutre de historias a cada paso, a cada instante. La novela española se ha dado cuenta y el cine lo empieza a hacer, con peliculones como ‘Que Dios nos perdone’ o ‘El hombre de las mil caras’. Nuestra historia es negra, y no hace falta ni salir de ella para encontrar buenas historias.

Las jornadas continuaron con una exposición organizada junto con los cuerpos de seguridad con elementos criminalísticos reales y otra mesa redonda con policías que contaron que, como suele ocurrir, la ficción supera casi siempre a la realidad. Una segunda jornada presidida por la subdelegada María Teresa Mata, que se está ganando el sueldo euro a euro. Para finalizar, el pasado jueves llegaba el cine, con la proyección de la mencionada ‘Que Dios nos perdone’, de Rodrigo Sorogoyen, una obra maestra del cine negro español muy recomendada por el propio Lorenzo Silva. Si la concejala hubiera traído al director o a alguno de los actores para hacer un pequeño ‘cine fórum’ ya habría sido para ponerle un monumento. Otro año será. Bravo por estas jornadas y que sigan, al igual que otras actividades como ‘Tardes de Autor’, también muy reseñables.

Enhorabuena para la señora Villanueva. Yo prefiero menos actividad cultural pero de calidad real. Con gente que aporte y que marque diferencias. Cuando hay que rellenar un evento de este tipo conmigo en la mesa redonda mal pinta la cosa. Pero los hay peores. Los colegas que escriben cuentos están bien; pero Lorenzo Silva está mucho mejor. De vez en cuando, para cubrir el expediente cultural, los ayuntamientos meten actividades poco interesantes o con nula calidad como para llenar una sala, le pasaba al anterior equipo de gobierno en alguna ocasión; realmente a todos les pasa.
Ya ven, cuando tengo que alabar, alabo. No todo van a ser palos, solo los justos y necesarios.

El camino NO deportivo de Astorga

Señores camioneros de Sindo Castro: el camino que sale de la plaza de toros NO es su pista particular. Señores conductores ‘pilotos’, de motos, ‘quads’ y demás vehículos de recreo: el camino que sale de la plaza de toros NO es parte de ningún circuito de rally. Señores dueños de perros sueltos: el camino que sale de la plaza de toros NO es el jardín de su casa. Señores militares de Santocildes: el camino que sale de la plaza de toros NO es ningún atajo para llegar al cuartel. Señores del Ayuntamiento de Astorga, los de antes, y los de ahora: NO vendan el camino que sale de la plaza de toros como un lugar para el paseo, esparcimiento y deporte para el personal, porque NO lo es.

Y aún recuerdo escuchar al ex edil Juan Simón hablar del proyecto que un taller de empleo iba a realizar (con una inversión desmesurada para lo que realmente se hizo) en la zona, desbrozando y acondicionando un paseo paralelo a este camino, para, repito, disfrute del personal. Y no han pasado 40 años, solo dos o tres; pero esa senda ya no lo es, es un bosque de hierbas, con los palos que lo delimitaban tirados, con los carteles que hablaban de las especies arbóreas de la zona ilegibles, oxidados, peligrosos incluso. Con gallinas, si, si, con gallinas en mitad del tránsito, que si al menos dejaran un huevo suelto… con alguna oveja que se cuela, con algún perro que te ladra. El día que terminaron el proyecto fue el mismo día que comenzó su abandono. Un gasto tan inútil como absurdo. De nada servía esa senda si la gente continuaba yendo por el camino paralelo, entre otras cosas porque por la otra había que ir en fila india, ni para camino de enamorados servía oiga. Un desastre.

Al poco de llegar al poder el PP, al menos así lo reconoció el señor Iglesias, concejal de obras, anunció sus proyectos para esa zona, empezando por quitar las piedras del camino, allanarlo y acondicionarlo antes de pensar en cosas mayores. A penas me di cuenta de la acción; pero no dudo de que se hiciera. Claro, si tu quitas las piedras de un camino, adecentas como buenamente puedes sus baches, pero permites que camiones de 40 toneladas pasen a todas horas por él, que convoyes militares con remolques, portando cañones, invadan cada pocas semanas su calzada o que algunos ‘fitipaldis’ crean que están en el rally de Montecarlo, de poco vale su ‘acondicionamiento’; para mí eso es dinero tirado, o casi. Dice el refrán que no se puede dar la misa y tocar las campanas a la vez. O se hace una senda ocio – deportiva o se deja el camino para uso ‘industrial’. Yo respeto cualquier decisión, pero déjenlo claro. Para que no haya dudas.

Hace unos meses el partido socialista en Astorga pedía en Pleno que se construyera una pista de atletismo en la ciudad, usando para ello, por cierto, un artículo mío. En dicho escrito (el anteriormente publicado) no pedía en ningún momento tal infraestructura, porque realmente no creo que sea necesaria. Solo apoyo para un deportista. Y en el artículo que nos ocupa ahora tampoco lo hago. Acondicionar el camino de la plaza de toros, que pudiera seguir hasta atravesar la autovía y de ahí hasta Murias, o hasta Castrillo de los Polvazares incluso, con una senda apta para bicis, corredores y paseantes sería más que suficiente. Digo yo, que lo de la Calistenia está genial, olé para los que la ejercitan porque ya tienen su espacio; pero piensen en la cantidad de gente que transita por ese camino, que intenta hacer un poco de deporte, quizás alguna más de la que practica la otra disciplina. Recuerdo unas palabras de Simón: “para los corredores ya está la Eragudina”, se nota que el bueno de Juan no se planteó nunca hacer 15 kilómetros dando vueltas a un campo de 800 metros.

Que los militares suban por la nacional, como siempre hicieron. Que las hormigoneras vayan por la LE-142 y que se asfalte la entrada al recinto del constructor desde el cementerio de Valdeviejas, que las motos vayan al Sierro, que los perros vayan atados…. ¿tan complicado es? Y así lo imploro, como mucha gente de Astorga. Poder correr sin que un perro me tire al suelo, sin que una moto a toda leche haga saltar una china que se me clave en la pierna, sin que una nube de polvo tras el paso de un camión me provoque conjuntivitis una semana… no me lo cuentan, no es un supuesto, son algunos de los ‘percances’ que he sufrido yendo por esta senda, con la única intención de mover un poco el corazón. Muevan ustedes la cabeza, señores gobernantes, e inviertan en salud para todos.

Señor Raúl Celada, váyase, no le merecemos

Viendo estos meses el gran despliegue que el Ayuntamiento de Astorga y diversas instituciones y empresas de la ciudad están llevando a cabo para patrocinar al joven piloto de motociclismo, natural de Santa María del Páramo, Sergio Vallinas, siento cierta pena. No por el chaval, que es un crack y a buen seguro se merece que lo apoyen desde la ‘Casona’, Honda y hasta Ángel Nieto si es menester, si no por el agravio comparativo que esto supone. Asimismo, siento lástima porque las aficiones del concejal de ‘Actividades del Motor’ no pasen también por el atletismo, por ejemplo. Loable y fantástico me parece su gusto por las motos, solo faltaba, pero no olvidemos la función pública, de él y de todos sus compañeros concejales. Una función que debe actuar como tal, reconociendo y apoyando a sus convecinos, algo, que por cierto el magnífico piloto (paramés) no es.

Y miren ustedes por donde, resulta que en Astorga tenemos a un mayúsculo deportista. Se llama Raúl Celada. Nacido, criado y formado en la ciudad, en el club de atletismo que dirige un gran tipo como Uriel. Un corredor de élite que ha llevado el nombre de la muy noble por toda España. Que ha logrado, entre otras cosas, disputar hace unos días la final del campeonato nacional absoluto (cuando él aún es promesa) de 3.000 metros en pista, o quedar entre los mejores en el nacional de Cross, amén de la victoria en otras muchas pruebas deportivas de máximo nivel desde hace años, siendo componente de los equipos regional y nacional con muchas preseas en el zurrón. Qué pena, en Astorga tenemos a uno de los tres mejores atletas de la provincia, posiblemente junto a Sergio Sánchez y Roberto Alaiz, y no lo sabemos, o no lo queremos ver. Una perla del atletismo nacional y no nos da la gana de que se sienta como en casa, como debería sentirse alguien de su valor.

Aún espero un reconocimiento, una llamada del Consistorio para recibirlo, mostrarle su apoyo públicamente y un patrocinio, una ayuda para que podamos seguir viéndolo volar por la Eragudina, viéndolo llevar el nombre de su ‘pueblo’ allende los mares, porque llegará, tengan por seguro que llegará. Pero claro, cuántos de ustedes conocen a Oscar Husillos, por ejemplo, y cuantos a Marc Márquez. La publicidad de uno y otro deporte es diferente y, por desgracia, sus seguidores también. A algunos nos parece mucho más espectacular ver una carrera de velocidad impulsada por unas piernas que por unas ruedas, más auténtico, más primitivo y natural, mucho más bello. En este caso ver correr a un tipo como Raúl es un privilegio que en Astorga nos hemos cargado. Flotando por el asfalto, con larga zancada y brazos acompasando el arco perfecto. Pero claro, quien paga por eso habiendo motos, o fútbol con padres montando gresca cada día en los campos españoles.

Pero ¿saben una cosa? Lo mejor de Celada no es cómo ni cuánto corre; no es que sea el futuro del atletismo nacional, ni una flecha perfecta en la pista o en el campo. Lo mejor es su humildad, su pasión por lo que hace y sus ganas de mostrarlo a los demás. Lo mejor es poder ver a los chavales (y chavalas) del Club de Atletismo de Astorga mirándolo ‘embobados’ cada vez que aparece para llevar un entrenamiento. Para ellos es un ejemplo en todo, en el deporte pero también en los valores que inculca. Señores del Ayuntamiento apoyen a los deportistas que destaquen y se merezcan un futuro, pero apóyenlos a todos, por favor.

Diario de un cuidador (Día mundial contra el Cáncer)

“Esto ya se termina”, me decía entre fuertes dolores, que apenas el inhalador de morfina conseguía detener. Hacía tiempo que no se movía casi nada. A pulso, sacando fuerza de flaqueza y con mis brazos abrazando su aún corpulento torso conseguía incorporarlo un poco en la cama. El antibiótico, que lo único que hizo fue reventarlo más, debía tomarlo así, y esperar unos 20 minutos antes de volver a echarse completamente. Algo tan simple como recostarse, tomar una pastilla y permanecer de esa forma un rato se volvía una odisea insuperable en aquel momento. Solo conseguía erguirle ligeramente y tras unos segundos de aquel estulto suplicio su mirada me imploraba clemencia. “Aguanta un poquito más”, le reñía. Era incapaz, y yo, consciente del sufrimiento, acababa anteponiendo su alivio inmediato a los posibles beneficios de aquella pastilla. A las pocas horas la vomitaba entera, sin digerir, o la expulsaba de la otra manera posible, también íntegra. Llega un punto en la enfermedad de una persona donde el cuidador debe tomar decisiones, debe elegir y ese momento no es fácil. Llega un instante en que sabes que la vida de tu familiar se va, y la medicina ya no da para más, así que lo cuidas no para ganar minutos a la muerte, sino para ganárselos a la vida.

En sus últimos meses, mi vida, la vida de un cuidador a cargo de una persona con un cáncer terminal, estuvo gobernada por los horarios y las necesidades del enfermo. Y te adecuas como puedes. Recuerdo que el fabuloso médico de paliativos me insistía mucho en la frase: “no adaptes tu vida a las pastillas, adapta las pastillas a tu vida”. Bonita, pero complicada cuando son 16 al día, dos jarabes y varias cremas para intentar paliar esas dichosas escaras, que comienzan a morder la piel y ya no hay quien las detenga. Se lo comen por dentro, y se lo comen por fuera. Vives pendiente de un cuadrante pegado a la nevera: a las 8 el protector, la palexia, paracetamol, sevredol, antibiótico, jarabe. Antes de comer la morfina, para atenuar el dolor que llegará cuando se intente mover, a las cuatro de nuevo la retahíla de medicamentos, añadiendo los corticoides, el antidepresivo… jarabe para los hongos de la boca cada vez que toma algo. Tras la cena sumas el relajante, para que al menos la noche sea refugio y no pesadilla. Día tras día el cuidador abandona su vida para intentar alargar la del ser querido.

Y escuchas muchos lamentos a tu alrededor; gente que se compadece de tu desgracia, ‘listos’ que te ponen la mano en el hombro y te sueltan ‘perlas’ como “vaya papeleta te ha caído”, “menudo esfuerzo estarás haciendo”, y ésta, que es la frase reina: “no te preocupes, llegarán tiempos mejores”. Olé. Para ‘paliar’ este tipo de comentarios existen por suerte otras personas que simplemente te llevan unos dulces para acompañar tomando un café, o una crema hidratante que han escuchado es muy buena o te ayudan a hacerle la cena al enfermo, o te distraen contando alguna tontería, que es sin embargo todo lo que necesitas en esos momentos. Ya saben: ‘que tus palabras sean mejores que tus silencios, de lo contrario calla’. Más de uno debería aplicárselo.

Cuidar a una persona enferma es una de las experiencias más gratificantes que existen. Su vida en tus manos. Una responsabilidad convertida en un acto de amor y fe como pocos. Mi recuerdo en este día para todos esos cuidadores; todas esas personas que lo son un poco más, porque creo firmemente que cuidar te humaniza, te hace más persona, más ciudadano, te quita mucha tontería de encima, ayuda a relativizar los problemas y sobre todo a apreciar los pequeños momentos de felicidad… casi nada oiga. Aquellos que decidieron dedicar su vida, por el motivo que sea, impuesto o voluntario, vocación o devoción, a cuidar a otro ya tienen otra pasta encima. Sea un año o diez, ya son de otra cuerda, de otra piel. Si les toca, ojalá que no, nunca renieguen de hacerlo con todo el cariño que puedan. Bueno para el enfermo, bueno para el cuidador.

La cucharilla de Raquel #anasiguesinllegar

Cuando logras derribar un muro con una cucharilla y ves que detrás hay otro igual de alto y grueso que impide que llegues a tu destino tienes dos opciones; volver a poner recto el cubierto y empezar a golpear otra vez o dejarlo caer al suelo, junto con el ánimo y la esperanza. La hermana de Ana, Raquel, ha optado por lo primero, y con esa cucharilla, y ella sola, está golpeando de nuevo la pared que se han empeñado en levantar las administraciones sanitarias con los usuarios a cada instante.

Ana, astorgana, en coma desde el pasado mes de agosto e ingresada en el hospital Can Misses de Ibiza sigue sin regresar a su casa, a pesar de las promesas de traerla. Recordarán que hace 20 días se publicaba su historia en este blog, también en otros medios como ‘El Día de León’ o ‘El Diario de Ibiza’. Todo se puso en marcha entonces, tal y como un médico de la mencionada clínica le insinuó a Raquel Pérez, “no sé si habrá sido por la publicación pero el proceso se ha acelerado”. Claro que fue por eso. En este país nada se pone en marcha hasta que no sale en los papeles; todo eran largas, y en lo que tarda una rotativa en imprimir se pasó de un “no sabemos”, “no te podemos decir”, “estamos pendientes de autorización” a una llamada el pasado tres de enero diciendo que ese mismo día Ana iba a ser por fin trasladada a León. Así, todo deprisa, todo corriendo y cogiendo a la familia totalmente desprevenida. Y cuando parece que el muro por fin se ha caído, ladrillo a ladrillo, otro por detrás ya se construye a la velocidad de la luz. Un par de horas después, y como de una broma se tratase, vuelven a llamar para decir que no, que el traslado será el día nueve.

Efectivamente, han acertado, el día nueve tampoco fue. Raquel y su cucharilla vuelven a enfrentarse a los tanques de la administración, a un ejército de incompetentes que deshumanizan todo lo que tocan, todo el proceso, que vuelven a poner al ente público en niveles bananeros. Y vuelta a rascar. De los tortazos con Ibiza pasamos al segundo ‘round’ con León. Departamento de medicina interna, departamento de traslados, altas, crónicos, agudos, gerencia, dirección médica, admisión… pero la señora Pérez y su cucharilla mágica siguen rascando, cada día, cada mañana, con cada funcionario hasta que consigue una tibia promesa que anuncia que el mismísimo gerente del Hospital Universitario de León la va a llamar para darle toda la información. Ella y su familia, al final, es lo único que piden. Esa llamada todavía no se ha producido pero ya es otra pequeña victoria.

Nadie duda de la excusa. “La epidemia de gripe ha dejado sin camas el centro médico, cuando pase se traerá a la paciente”. Vale, aceptamos barco como animal acuático. Pero tan difícil, tan complicado es informar a una familia sobre este proceso que parece nunca va a terminar. Tanto esfuerzo es que algún responsable se ponga al teléfono y hable claro. Raquel no pide fechas, solo pide atención y humanidad; información y un poco de tacto. Hace años mis padres me contaban un caso totalmente similar al de Ana ocurrido tiempo atrás, donde se supone todo era más precario. 24 horas tardaron en trasladar a la paciente de Ibiza a León desde la petición familiar, 24 horas, repito. ¿La diferencia? Dicha familia, en su derecho estaba y muy bien que ejerció esa opción (todos lo hubiéramos hecho), era íntima del señor Abel Matutes, quien puso a disposición su avión privado. En España un buen contacto es imprescindible para muchas cosas, ésta entre ellas, y no con ello quiero expresar que hubiera algún tipo de irregularidad, todo lo contrario, simplemente y como afirma el dicho: ‘en este país quien no tiene padrino no se casa’.

Volvemos a los papeles querida Raquel, y volveremos a utilizar la pluma como espada tantas veces sea menester. El ejemplo lo estás danto tú cada día con tu fuerza, tesón y esperanza. Con esa lucha contra el abismo que vas a ganar portando solo una cucharilla, que derriba muros como si de cien cañones por banda se tratara. #anasiguesinllegar #anavuelveacasa.

Ana Pérez solo quiere regresar

Ana quiere despertar de este maldito sueño. No puede. No la dejan. Sus grandes ojos verdes miran pero no ven. Sus manos quieren agarrar pero no se sostienen. La vida tenía reservada una fatal noticia para ella, para los suyos. La naturaleza quiso jugarle una mala pasada, pero la idiotez del hombre ha terminado de rematar la tragedia. El egoísmo, la estupidez y la falta de sensibilidad de las administraciones asfixian en un proceso ya lento y penoso.

Ana, astorgana, jefa de cocina en un restaurante, ibicenca de adopción, recién pasados los cuarenta, de sólido carácter y con un punto roquero, sufría un brutal infarto hace cuatro meses. Una bomba estalló en su corazón dejando su vida en un pequeño hilo. Sin actividad cerebral, Ana fue salvada ‘in extremis’ por cuatro policías que durante más de media hora bombearon su pecho sin descanso. Un acto que le valió la vida pero que no la sacó del coma, que la ha postrado desde este cálido y mediterráneo mes de agosto en la cama de un hospital de la isla de la luz, que ahora solo tiñe en gris. Un proceso en el que no ha habido mejoría clara, pero la desesperanza no es algo que entre en sus planes, ni tampoco en los de su familia. Una familia, los Pérez, que solo pide una cosa: que Ana vuelva a casa. Que regrese a León para ser cuidada, para poder ser atendida por sus padres María y Casimiro, por su hermana Raquel, por Juan, su entregado marido, también por su tía Josefa, que con 90 años está deseando que Ana regrese, por sus amigos… ¿Es tanto pedir? Parece que sí.

A esta historia, ya cruel y dolorosa por sí misma, la burocracia, prepotencia e imbecilidad de algunos de los que dicen cuidar nuestra salud y bienestar la están convirtiendo en un laberinto infranqueable de llamadas, papeles, ‘dimes y diretes’ entre médicos, asistentes sociales y administrativos que solo agravan la pena, la rabia y el dolor de unas personas que ruegan un traslado de hospital. Repito ¿es tanto pedir? En esta España, donde irresponsables de concurso han querido hacerse cargo de competencias que les quedan demasiado grandes, nuestros políticos se hinchan hablando del Estado del Bienestar, de nuestro moderno y avanzado método, ocurren estos casos y estas cosas. Una leonesa residente en Ibiza cae en un profundo coma y en cuatro meses nadie es capaz de dar una solución para completar su vuelta a casa.

Pero vamos más allá. Su estoica hermana, viajando incansable cada dos semanas a la isla, y su marido, cuya vida solo se ciñe ya a los pies de una cama, al cuidado integral de Ana, al abandono de toda vida pasada, laboral y personal, con un solo objetivo, han tenido que soportar a algunos (no todos, menos mal) profesionales sanitarios (lejos de serlo) menospreciando su problema, hablando poco menos de ‘un caso perdido’, de una paciente para la que, al menos así lo dan a entender, no hay más opción que dejarla morir. ¿De verdad quieren que haga eso? Creo en la palabra ‘empatía’ y creo que a muchos facultativos les vendría mejor menos clases de anatomía y más de sensibilidad, de ponerse en la piel del otro. Manden ese muro que dicen deben construir a tomar viento de vez en cuando. Hagan como ese oncólogo americano que cada vez que se le muere un paciente llora una semana. Háganlo coño, aunque sea por una vez. Empaticen con una familia rota por el dolor y que tan solo pide, lo repito otra vez por si no ha quedado claro, que acerquen a Ana a casa.

Del médico de urgencias al de la UCI, luego al responsable de planta, de éste al jefe de sección y de ahí al director de Medicina Interna, unos cuantos médicos más, amén de varias enfermeras, cuyo concurso en esta historia está siendo, por cierto, ejemplar (viva ese colectivo), para llegar a la asistente social del centro hospitalario, que parece entabla los contactos con León, o eso dice. Todo encauzado hasta que la señora se pone de vacaciones… y nadie sabe nada. En atención al paciente les suena a chino la historia y vuelta a empezar. Una carta por aquí, un ‘no tengo ni idea de cuándo se reincorpora la asistente’ por allá… y una gente destrozada, una paciente olvidada a su suerte y un poco más de pena en este perro mundo, que a veces es para tirarlo a la basura con todo dentro. Comités médicos, gerencias de salud, helicópteros medicalizados… parece todo muy complicado.

Señores del Hospital Can Misses de Ibiza, sean decentes y compasivos y atiendan la petición de una familia que quiere a su hija, a su hermana, a su amiga…cerca de ellos. Que llevan 120 días sumidos en una profunda pesadilla que ha cambiado sus vidas. O al menos muestren otra cara, tengan un poco de interés, que nadie duda de la complejidad del proceso, de las fechas actuales. La familia ya no pide plazos concretos, ni tiempo récord, solo piden información y un poco de atención. Por profesionalidad, dignidad y humanidad no traten a una persona que está en coma, con su vida al borde del abismo, como si fuera un bulto molesto. Se llama Ana Isabel, tiene 40 años y es de Astorga. Ella está combatiendo a brazo partido cada segundo de cada hora de cada día. Ahora, lo que queremos para ella siga en su pelea por la vida, tenaz luchadora, es que la trasladen al Hospital Universitario de León, para que la batalla se afronte entre todos. Perdonen la insistencia, de verdad, ¿es tanto pedir que la manden a casa de una vez? #anavuelveacasa.

Aquí están (estos son) los bomberos de León

Así, con un buen capote ha toreado la Diputación Provincial el asunto de los parques comarcales de bomberos en León. Muletazo para acá, muletazo para allá. El señor presidente, Martinez Majo, advierte, meses después de la fecha prometida para el anuncio, que la manera en que se ha hecho era la única “legal” posible, algo, digamos, matizable. En cualquier caso, parafraseando el popular dicho de la tierrina, “aquí están, estos son, los bomberos de León”. Una fórmula a medio camino entre lo público y lo privado, más tirando a lo segundo. Desde luego vista la gestión de los bomberos forestales, las famosas Brif, podemos rogar al cielo que tengan más tino con los urbanos. Recemos para que en unos años no veamos huelgas, sueldos miserables, condiciones de trabajo lamentables, familias pendientes del ‘ahora sí, ahora no’, porque la empresa de turno quiera sacar rédito del dinerito público a costa de empobrecer el servicio. Un servicio, como pasa con otros como la conservación de carreteras, por ejemplo, que tiende al enriquecimiento de algunos, las malas condiciones de otros y el empobrecimiento, en toda la amplitud de la palabra, de todos sus usuarios.

No seamos mal pensados señores, veamos, al menos de momento, a unos fornidos bomberos apagando fuegos, atendiendo accidentes, inundaciones o bajando gatitos del árbol, contentos y felices porque tienen un sueldo acorde a su categoría, una categoría acorde a su desempeño y un feliz desempeño con suficientes medios y materiales a su alcance. Y todo, por supuesto, a su debido tiempo, llegando puntuales a los siniestros, evitando males mayores, cosa a deber en las salidas de los profesionales de la capital, como es lógico. Veremos. Lo que de momento es un despropósito, y difícil veo que se corrija, es la ubicación para uno de los parques principales, que tiene que atender a las localidades de Astorga, La Bañeza y sus comarcas, y subrayen esta última palabra. Y lo digo yo, que tengo mi residencia habitual en Astorga, y que si se me quema la casa (por segunda vez) siempre será mejor para mis intereses que el parque más cercano esté a dos kilómetros que a 20.

Pero oigan, seamos sensatos. El terreno de las antiguas instalaciones de Fundosa en Celada de la Vega, que por cierto es privado, no es la mejor ubicación. Por cuestiones demográficas, de probabilidad, de estadística e incluso morales, la instalación debería acercarse más a La Bañeza, el Paramo, La Cabrera… Riego no era mala solución, aunque tampoco la mejor. Y digo esto en primer lugar porque la zona de La Bañeza / Páramo tiene más población y más industria, más explotaciones y más concentración de naves. En segundo lugar los siniestros urbanos han golpeado en los últimos años más esta zona, precisamente por lo expuesto anteriormente; siguiendo por la distancia. Fíjense si los bomberos tienen que acudir a Alija del Infantado, Castrocontrigo, Truchas, Santa María del Páramo… el parque de bomberos cerca de la Maragatería (y lo dice este escribiente con casa en Santiagomillas) o la Cepeda está muy bien, pero comparen ratios de población. Es una cuestión de buscar el punto más equidistante, y también más sensato. Me pregunto donde se hubiera colocado este parque (mismos técnicos redactores del plan mediante) si la Diputación hubiera estado en manos del Psoe, o si el Consistorio bañezano fuera regido por el PP.

Luego entra la cuestión moral. La zona bañezana ha peleado por ese parque con uñas y dientes, golpeada duramente en empresas como Gus, Hipermueble (en Riego) o Embutidos Rodríguez (Soto de la Vega), por no hablar del fallecido en La Bañeza hace un par de años o el edificio calcinado la noche vieja pasada en el centro de la antigua Bedunia. Desde luego en Astorga no he visto nunca un movimiento social tan reivindicativo con el asunto. En cualquier caso ‘chapó’ para el ejecutivo maragato, su objetivo (como el de los bañezanos) era llevar el parque a su ciudad y lo han logrado. Creo que la mejor, aunque improbable (por no decir imposible), opción pasa por dejar el servicio en Astorga pero dotar también a su vecina localidad de bomberos profesionales (aunque no haya 16), no solo los aguerridos voluntarios, que bastantes fuegos apagan ya. Pero claro, no hay dinero y me parece que tampoco voluntad política. En León como casi siempre las cosas las hacemos peor de lo que deberíamos. Y ya no sé si es cuestión de genética o de simple tontuna.

‘La Noche Astorgana’

Como si del filtro que convierte el día en la noche se tratara, Astorga despereza ahora sus calles antes de que las farolas iluminen su parcela. La técnica cinematográfica ‘la noche americana’, usada en muchas ocasiones en el Hollywood clásico para rodar a plena luz del día como si de la noche más parda se tratara, parece aplicada en los últimos tiempos en la muy noble, que llena de ocio bares y tabernas cuando aún la tarde recibe su nombre, quedando desierta unas horas después. Al menos esa es mi sensación, compartida también con algunos compadres el pasado sábado. Recuerdo no hace muchos años, aunque sí más de los que me gustaría, como tirado en el sofá esperaba que dieran las doce o la una en el reloj del pasillo para poder salir de marcha; antes de esas horas calles vacías y locales a medio abrir, pasando aún la ginebra por la barra con un trapo húmedo.

En ‘La Parrilla’, a las doce, podías ver a Pepín y su ‘tropa’ tomando el primer chupito con ‘la máquina’ pegada a la columna aún por encender; con las cámaras todavía enfriando las botellas de Coca-Cola apiladas y esperando los primeros clientes. Tres horas después apenas podías arrinconarte entre la puerta de los baños y la barra, en un estrecho pasillo, lugar de anchas historias. Desde esa perspectiva aún veo decenas de cabezas (y cabezos) inclinándose para beber de los míticos vasos de tubo, que apenas contenían una raja de limón y cuyos hielos solo eran solo un frío recuerdo. Una densa nube de humo, que teñía el ambiente, terminaba de componer la escena, que no necesitaba de ningún filtro. Piensen ahora como ha cambiado el panorama. Con copas de balón, hielos tipo iceberg y la frutería ‘Manoli’ metida dentro. Con el aire diáfano y los olores propios de las vergüenzas ajenas (casi prefería envenenarme con tabaco). Todo muy civilizado pero muy poco nocturno.

El ‘Ya Nunca’ te recibía a media noche (esto es las tres o cuatro de la mañana) con Canqui sujetándose unas gafas que a día de hoy no se le han caído, he ahí su magia. Es el único refugio del pasado que queda en Astorga, al menos en apariencia, Dios lo conserve muchos años. Allí te encontrabas todas las generaciones a las que ibas a seguir los pasos, por mucho que en ese momento renegaras. Los ‘Simpas’ dándole al futbolín; los ‘pochos’ llenando la trasera, los amigos del ‘vente de copas’ dándote algún codazo, “ya te llegará chaval, pero no ahora” parecían decirnos todos ellos.

Suerte tuvieron de tener gente a la que mirar en ese templo del bebercio por encima del hombro, los de mi quinta ya no la disfrutamos, no pudimos seguir la tradición de dar paso. Creo que los del setenta y muchos hasta el ochenta y muy pocos cerramos la puerta de la vieja Astorga que Fabián y compañía habían empezado en el mítico ‘Rompetetas’ décadas atrás. Una Astorga de noche, barras, humo, whisky y ron, de cena rápida en la cocina y desayuno lento en el Correos, de sentadas en Fátima y miradas furtivas.

Ahora, como digo, lo que ‘pinta’, también en la bimilenaria, es tomar unas cañas de tarde, en bares con decoración industrial y grandes plantas; con ‘pintxos’ de base de patata con micuit de morcilla y tal. En los puñeteros gastrobares y la madre que los parió. Sentarse en la terraza al lado de una moderna estufa y disfrutar de una cerveza artesana de bodega, o bien de un Rioja, o un Godello, todo en fina copa y metiendo napia antes, no sea. Fotos, muchas fotos, ‘selfies’ de gente guapa brindando, mostrando la delicia culinaria de turno a todo ‘Instagram’. Todo rematadamente ‘cool’. Tras el tapeo un Gin – Tonic de esos que tardan dos horas y media en preparar y sábado listo. Para casa, que el domingo por la mañana hay que salir a correr, perdón, a darle al ‘running’. Y oiga, no es malo, es distinto, quizás más sano, aunque menos auténtico y con mucha más dosis de estupidez. Astorga se ha subido al carro que tan de moda está poniendo León. Yo echo de menos las grandes ‘noches de copas’ en las que antes lo de menos eran precisamente las copas. El sábado pasado, viendo las calles casi vacías, los bares desiertos a las tres de la mañana y ni una pizca de humo en el ambiente pensé en todo esto. Ahora, por desgracia, a la noche también se le pone filtro.