Diario de un cuidador (Día mundial contra el Cáncer)

“Esto ya se termina”, me decía entre fuertes dolores, que apenas el inhalador de morfina conseguía detener. Hacía tiempo que no se movía casi nada. A pulso, sacando fuerza de flaqueza y con mis brazos abrazando su aún corpulento torso conseguía incorporarlo un poco en la cama. El antibiótico, que lo único que hizo fue reventarlo más, debía tomarlo así, y esperar unos 20 minutos antes de volver a echarse completamente. Algo tan simple como recostarse, tomar una pastilla y permanecer de esa forma un rato se volvía una odisea insuperable en aquel momento. Solo conseguía erguirle ligeramente y tras unos segundos de aquel estulto suplicio su mirada me imploraba clemencia. “Aguanta un poquito más”, le reñía. Era incapaz, y yo, consciente del sufrimiento, acababa anteponiendo su alivio inmediato a los posibles beneficios de aquella pastilla. A las pocas horas la vomitaba entera, sin digerir, o la expulsaba de la otra manera posible, también íntegra. Llega un punto en la enfermedad de una persona donde el cuidador debe tomar decisiones, debe elegir y ese momento no es fácil. Llega un instante en que sabes que la vida de tu familiar se va, y la medicina ya no da para más, así que lo cuidas no para ganar minutos a la muerte, sino para ganárselos a la vida.

En sus últimos meses, mi vida, la vida de un cuidador a cargo de una persona con un cáncer terminal, estuvo gobernada por los horarios y las necesidades del enfermo. Y te adecuas como puedes. Recuerdo que el fabuloso médico de paliativos me insistía mucho en la frase: “no adaptes tu vida a las pastillas, adapta las pastillas a tu vida”. Bonita, pero complicada cuando son 16 al día, dos jarabes y varias cremas para intentar paliar esas dichosas escaras, que comienzan a morder la piel y ya no hay quien las detenga. Se lo comen por dentro, y se lo comen por fuera. Vives pendiente de un cuadrante pegado a la nevera: a las 8 el protector, la palexia, paracetamol, sevredol, antibiótico, jarabe. Antes de comer la morfina, para atenuar el dolor que llegará cuando se intente mover, a las cuatro de nuevo la retahíla de medicamentos, añadiendo los corticoides, el antidepresivo… jarabe para los hongos de la boca cada vez que toma algo. Tras la cena sumas el relajante, para que al menos la noche sea refugio y no pesadilla. Día tras día el cuidador abandona su vida para intentar alargar la del ser querido.

Y escuchas muchos lamentos a tu alrededor; gente que se compadece de tu desgracia, ‘listos’ que te ponen la mano en el hombro y te sueltan ‘perlas’ como “vaya papeleta te ha caído”, “menudo esfuerzo estarás haciendo”, y ésta, que es la frase reina: “no te preocupes, llegarán tiempos mejores”. Olé. Para ‘paliar’ este tipo de comentarios existen por suerte otras personas que simplemente te llevan unos dulces para acompañar tomando un café, o una crema hidratante que han escuchado es muy buena o te ayudan a hacerle la cena al enfermo, o te distraen contando alguna tontería, que es sin embargo todo lo que necesitas en esos momentos. Ya saben: ‘que tus palabras sean mejores que tus silencios, de lo contrario calla’. Más de uno debería aplicárselo.

Cuidar a una persona enferma es una de las experiencias más gratificantes que existen. Su vida en tus manos. Una responsabilidad convertida en un acto de amor y fe como pocos. Mi recuerdo en este día para todos esos cuidadores; todas esas personas que lo son un poco más, porque creo firmemente que cuidar te humaniza, te hace más persona, más ciudadano, te quita mucha tontería de encima, ayuda a relativizar los problemas y sobre todo a apreciar los pequeños momentos de felicidad… casi nada oiga. Aquellos que decidieron dedicar su vida, por el motivo que sea, impuesto o voluntario, vocación o devoción, a cuidar a otro ya tienen otra pasta encima. Sea un año o diez, ya son de otra cuerda, de otra piel. Si les toca, ojalá que no, nunca renieguen de hacerlo con todo el cariño que puedan. Bueno para el enfermo, bueno para el cuidador.

La cucharilla de Raquel #anasiguesinllegar

Cuando logras derribar un muro con una cucharilla y ves que detrás hay otro igual de alto y grueso que impide que llegues a tu destino tienes dos opciones; volver a poner recto el cubierto y empezar a golpear otra vez o dejarlo caer al suelo, junto con el ánimo y la esperanza. La hermana de Ana, Raquel, ha optado por lo primero, y con esa cucharilla, y ella sola, está golpeando de nuevo la pared que se han empeñado en levantar las administraciones sanitarias con los usuarios a cada instante.

Ana, astorgana, en coma desde el pasado mes de agosto e ingresada en el hospital Can Misses de Ibiza sigue sin regresar a su casa, a pesar de las promesas de traerla. Recordarán que hace 20 días se publicaba su historia en este blog, también en otros medios como ‘El Día de León’ o ‘El Diario de Ibiza’. Todo se puso en marcha entonces, tal y como un médico de la mencionada clínica le insinuó a Raquel Pérez, “no sé si habrá sido por la publicación pero el proceso se ha acelerado”. Claro que fue por eso. En este país nada se pone en marcha hasta que no sale en los papeles; todo eran largas, y en lo que tarda una rotativa en imprimir se pasó de un “no sabemos”, “no te podemos decir”, “estamos pendientes de autorización” a una llamada el pasado tres de enero diciendo que ese mismo día Ana iba a ser por fin trasladada a León. Así, todo deprisa, todo corriendo y cogiendo a la familia totalmente desprevenida. Y cuando parece que el muro por fin se ha caído, ladrillo a ladrillo, otro por detrás ya se construye a la velocidad de la luz. Un par de horas después, y como de una broma se tratase, vuelven a llamar para decir que no, que el traslado será el día nueve.

Efectivamente, han acertado, el día nueve tampoco fue. Raquel y su cucharilla vuelven a enfrentarse a los tanques de la administración, a un ejército de incompetentes que deshumanizan todo lo que tocan, todo el proceso, que vuelven a poner al ente público en niveles bananeros. Y vuelta a rascar. De los tortazos con Ibiza pasamos al segundo ‘round’ con León. Departamento de medicina interna, departamento de traslados, altas, crónicos, agudos, gerencia, dirección médica, admisión… pero la señora Pérez y su cucharilla mágica siguen rascando, cada día, cada mañana, con cada funcionario hasta que consigue una tibia promesa que anuncia que el mismísimo gerente del Hospital Universitario de León la va a llamar para darle toda la información. Ella y su familia, al final, es lo único que piden. Esa llamada todavía no se ha producido pero ya es otra pequeña victoria.

Nadie duda de la excusa. “La epidemia de gripe ha dejado sin camas el centro médico, cuando pase se traerá a la paciente”. Vale, aceptamos barco como animal acuático. Pero tan difícil, tan complicado es informar a una familia sobre este proceso que parece nunca va a terminar. Tanto esfuerzo es que algún responsable se ponga al teléfono y hable claro. Raquel no pide fechas, solo pide atención y humanidad; información y un poco de tacto. Hace años mis padres me contaban un caso totalmente similar al de Ana ocurrido tiempo atrás, donde se supone todo era más precario. 24 horas tardaron en trasladar a la paciente de Ibiza a León desde la petición familiar, 24 horas, repito. ¿La diferencia? Dicha familia, en su derecho estaba y muy bien que ejerció esa opción (todos lo hubiéramos hecho), era íntima del señor Abel Matutes, quien puso a disposición su avión privado. En España un buen contacto es imprescindible para muchas cosas, ésta entre ellas, y no con ello quiero expresar que hubiera algún tipo de irregularidad, todo lo contrario, simplemente y como afirma el dicho: ‘en este país quien no tiene padrino no se casa’.

Volvemos a los papeles querida Raquel, y volveremos a utilizar la pluma como espada tantas veces sea menester. El ejemplo lo estás danto tú cada día con tu fuerza, tesón y esperanza. Con esa lucha contra el abismo que vas a ganar portando solo una cucharilla, que derriba muros como si de cien cañones por banda se tratara. #anasiguesinllegar #anavuelveacasa.

Ana Pérez solo quiere regresar

Ana quiere despertar de este maldito sueño. No puede. No la dejan. Sus grandes ojos verdes miran pero no ven. Sus manos quieren agarrar pero no se sostienen. La vida tenía reservada una fatal noticia para ella, para los suyos. La naturaleza quiso jugarle una mala pasada, pero la idiotez del hombre ha terminado de rematar la tragedia. El egoísmo, la estupidez y la falta de sensibilidad de las administraciones asfixian en un proceso ya lento y penoso.

Ana, astorgana, jefa de cocina en un restaurante, ibicenca de adopción, recién pasados los cuarenta, de sólido carácter y con un punto roquero, sufría un brutal infarto hace cuatro meses. Una bomba estalló en su corazón dejando su vida en un pequeño hilo. Sin actividad cerebral, Ana fue salvada ‘in extremis’ por cuatro policías que durante más de media hora bombearon su pecho sin descanso. Un acto que le valió la vida pero que no la sacó del coma, que la ha postrado desde este cálido y mediterráneo mes de agosto en la cama de un hospital de la isla de la luz, que ahora solo tiñe en gris. Un proceso en el que no ha habido mejoría clara, pero la desesperanza no es algo que entre en sus planes, ni tampoco en los de su familia. Una familia, los Pérez, que solo pide una cosa: que Ana vuelva a casa. Que regrese a León para ser cuidada, para poder ser atendida por sus padres María y Casimiro, por su hermana Raquel, por Juan, su entregado marido, también por su tía Josefa, que con 90 años está deseando que Ana regrese, por sus amigos… ¿Es tanto pedir? Parece que sí.

A esta historia, ya cruel y dolorosa por sí misma, la burocracia, prepotencia e imbecilidad de algunos de los que dicen cuidar nuestra salud y bienestar la están convirtiendo en un laberinto infranqueable de llamadas, papeles, ‘dimes y diretes’ entre médicos, asistentes sociales y administrativos que solo agravan la pena, la rabia y el dolor de unas personas que ruegan un traslado de hospital. Repito ¿es tanto pedir? En esta España, donde irresponsables de concurso han querido hacerse cargo de competencias que les quedan demasiado grandes, nuestros políticos se hinchan hablando del Estado del Bienestar, de nuestro moderno y avanzado método, ocurren estos casos y estas cosas. Una leonesa residente en Ibiza cae en un profundo coma y en cuatro meses nadie es capaz de dar una solución para completar su vuelta a casa.

Pero vamos más allá. Su estoica hermana, viajando incansable cada dos semanas a la isla, y su marido, cuya vida solo se ciñe ya a los pies de una cama, al cuidado integral de Ana, al abandono de toda vida pasada, laboral y personal, con un solo objetivo, han tenido que soportar a algunos (no todos, menos mal) profesionales sanitarios (lejos de serlo) menospreciando su problema, hablando poco menos de ‘un caso perdido’, de una paciente para la que, al menos así lo dan a entender, no hay más opción que dejarla morir. ¿De verdad quieren que haga eso? Creo en la palabra ‘empatía’ y creo que a muchos facultativos les vendría mejor menos clases de anatomía y más de sensibilidad, de ponerse en la piel del otro. Manden ese muro que dicen deben construir a tomar viento de vez en cuando. Hagan como ese oncólogo americano que cada vez que se le muere un paciente llora una semana. Háganlo coño, aunque sea por una vez. Empaticen con una familia rota por el dolor y que tan solo pide, lo repito otra vez por si no ha quedado claro, que acerquen a Ana a casa.

Del médico de urgencias al de la UCI, luego al responsable de planta, de éste al jefe de sección y de ahí al director de Medicina Interna, unos cuantos médicos más, amén de varias enfermeras, cuyo concurso en esta historia está siendo, por cierto, ejemplar (viva ese colectivo), para llegar a la asistente social del centro hospitalario, que parece entabla los contactos con León, o eso dice. Todo encauzado hasta que la señora se pone de vacaciones… y nadie sabe nada. En atención al paciente les suena a chino la historia y vuelta a empezar. Una carta por aquí, un ‘no tengo ni idea de cuándo se reincorpora la asistente’ por allá… y una gente destrozada, una paciente olvidada a su suerte y un poco más de pena en este perro mundo, que a veces es para tirarlo a la basura con todo dentro. Comités médicos, gerencias de salud, helicópteros medicalizados… parece todo muy complicado.

Señores del Hospital Can Misses de Ibiza, sean decentes y compasivos y atiendan la petición de una familia que quiere a su hija, a su hermana, a su amiga…cerca de ellos. Que llevan 120 días sumidos en una profunda pesadilla que ha cambiado sus vidas. O al menos muestren otra cara, tengan un poco de interés, que nadie duda de la complejidad del proceso, de las fechas actuales. La familia ya no pide plazos concretos, ni tiempo récord, solo piden información y un poco de atención. Por profesionalidad, dignidad y humanidad no traten a una persona que está en coma, con su vida al borde del abismo, como si fuera un bulto molesto. Se llama Ana Isabel, tiene 40 años y es de Astorga. Ella está combatiendo a brazo partido cada segundo de cada hora de cada día. Ahora, lo que queremos para ella siga en su pelea por la vida, tenaz luchadora, es que la trasladen al Hospital Universitario de León, para que la batalla se afronte entre todos. Perdonen la insistencia, de verdad, ¿es tanto pedir que la manden a casa de una vez? #anavuelveacasa.

Aquí están (estos son) los bomberos de León

Así, con un buen capote ha toreado la Diputación Provincial el asunto de los parques comarcales de bomberos en León. Muletazo para acá, muletazo para allá. El señor presidente, Martinez Majo, advierte, meses después de la fecha prometida para el anuncio, que la manera en que se ha hecho era la única “legal” posible, algo, digamos, matizable. En cualquier caso, parafraseando el popular dicho de la tierrina, “aquí están, estos son, los bomberos de León”. Una fórmula a medio camino entre lo público y lo privado, más tirando a lo segundo. Desde luego vista la gestión de los bomberos forestales, las famosas Brif, podemos rogar al cielo que tengan más tino con los urbanos. Recemos para que en unos años no veamos huelgas, sueldos miserables, condiciones de trabajo lamentables, familias pendientes del ‘ahora sí, ahora no’, porque la empresa de turno quiera sacar rédito del dinerito público a costa de empobrecer el servicio. Un servicio, como pasa con otros como la conservación de carreteras, por ejemplo, que tiende al enriquecimiento de algunos, las malas condiciones de otros y el empobrecimiento, en toda la amplitud de la palabra, de todos sus usuarios.

No seamos mal pensados señores, veamos, al menos de momento, a unos fornidos bomberos apagando fuegos, atendiendo accidentes, inundaciones o bajando gatitos del árbol, contentos y felices porque tienen un sueldo acorde a su categoría, una categoría acorde a su desempeño y un feliz desempeño con suficientes medios y materiales a su alcance. Y todo, por supuesto, a su debido tiempo, llegando puntuales a los siniestros, evitando males mayores, cosa a deber en las salidas de los profesionales de la capital, como es lógico. Veremos. Lo que de momento es un despropósito, y difícil veo que se corrija, es la ubicación para uno de los parques principales, que tiene que atender a las localidades de Astorga, La Bañeza y sus comarcas, y subrayen esta última palabra. Y lo digo yo, que tengo mi residencia habitual en Astorga, y que si se me quema la casa (por segunda vez) siempre será mejor para mis intereses que el parque más cercano esté a dos kilómetros que a 20.

Pero oigan, seamos sensatos. El terreno de las antiguas instalaciones de Fundosa en Celada de la Vega, que por cierto es privado, no es la mejor ubicación. Por cuestiones demográficas, de probabilidad, de estadística e incluso morales, la instalación debería acercarse más a La Bañeza, el Paramo, La Cabrera… Riego no era mala solución, aunque tampoco la mejor. Y digo esto en primer lugar porque la zona de La Bañeza / Páramo tiene más población y más industria, más explotaciones y más concentración de naves. En segundo lugar los siniestros urbanos han golpeado en los últimos años más esta zona, precisamente por lo expuesto anteriormente; siguiendo por la distancia. Fíjense si los bomberos tienen que acudir a Alija del Infantado, Castrocontrigo, Truchas, Santa María del Páramo… el parque de bomberos cerca de la Maragatería (y lo dice este escribiente con casa en Santiagomillas) o la Cepeda está muy bien, pero comparen ratios de población. Es una cuestión de buscar el punto más equidistante, y también más sensato. Me pregunto donde se hubiera colocado este parque (mismos técnicos redactores del plan mediante) si la Diputación hubiera estado en manos del Psoe, o si el Consistorio bañezano fuera regido por el PP.

Luego entra la cuestión moral. La zona bañezana ha peleado por ese parque con uñas y dientes, golpeada duramente en empresas como Gus, Hipermueble (en Riego) o Embutidos Rodríguez (Soto de la Vega), por no hablar del fallecido en La Bañeza hace un par de años o el edificio calcinado la noche vieja pasada en el centro de la antigua Bedunia. Desde luego en Astorga no he visto nunca un movimiento social tan reivindicativo con el asunto. En cualquier caso ‘chapó’ para el ejecutivo maragato, su objetivo (como el de los bañezanos) era llevar el parque a su ciudad y lo han logrado. Creo que la mejor, aunque improbable (por no decir imposible), opción pasa por dejar el servicio en Astorga pero dotar también a su vecina localidad de bomberos profesionales (aunque no haya 16), no solo los aguerridos voluntarios, que bastantes fuegos apagan ya. Pero claro, no hay dinero y me parece que tampoco voluntad política. En León como casi siempre las cosas las hacemos peor de lo que deberíamos. Y ya no sé si es cuestión de genética o de simple tontuna.

‘La Noche Astorgana’

Como si del filtro que convierte el día en la noche se tratara, Astorga despereza ahora sus calles antes de que las farolas iluminen su parcela. La técnica cinematográfica ‘la noche americana’, usada en muchas ocasiones en el Hollywood clásico para rodar a plena luz del día como si de la noche más parda se tratara, parece aplicada en los últimos tiempos en la muy noble, que llena de ocio bares y tabernas cuando aún la tarde recibe su nombre, quedando desierta unas horas después. Al menos esa es mi sensación, compartida también con algunos compadres el pasado sábado. Recuerdo no hace muchos años, aunque sí más de los que me gustaría, como tirado en el sofá esperaba que dieran las doce o la una en el reloj del pasillo para poder salir de marcha; antes de esas horas calles vacías y locales a medio abrir, pasando aún la ginebra por la barra con un trapo húmedo.

En ‘La Parrilla’, a las doce, podías ver a Pepín y su ‘tropa’ tomando el primer chupito con ‘la máquina’ pegada a la columna aún por encender; con las cámaras todavía enfriando las botellas de Coca-Cola apiladas y esperando los primeros clientes. Tres horas después apenas podías arrinconarte entre la puerta de los baños y la barra, en un estrecho pasillo, lugar de anchas historias. Desde esa perspectiva aún veo decenas de cabezas (y cabezos) inclinándose para beber de los míticos vasos de tubo, que apenas contenían una raja de limón y cuyos hielos solo eran solo un frío recuerdo. Una densa nube de humo, que teñía el ambiente, terminaba de componer la escena, que no necesitaba de ningún filtro. Piensen ahora como ha cambiado el panorama. Con copas de balón, hielos tipo iceberg y la frutería ‘Manoli’ metida dentro. Con el aire diáfano y los olores propios de las vergüenzas ajenas (casi prefería envenenarme con tabaco). Todo muy civilizado pero muy poco nocturno.

El ‘Ya Nunca’ te recibía a media noche (esto es las tres o cuatro de la mañana) con Canqui sujetándose unas gafas que a día de hoy no se le han caído, he ahí su magia. Es el único refugio del pasado que queda en Astorga, al menos en apariencia, Dios lo conserve muchos años. Allí te encontrabas todas las generaciones a las que ibas a seguir los pasos, por mucho que en ese momento renegaras. Los ‘Simpas’ dándole al futbolín; los ‘pochos’ llenando la trasera, los amigos del ‘vente de copas’ dándote algún codazo, “ya te llegará chaval, pero no ahora” parecían decirnos todos ellos.

Suerte tuvieron de tener gente a la que mirar en ese templo del bebercio por encima del hombro, los de mi quinta ya no la disfrutamos, no pudimos seguir la tradición de dar paso. Creo que los del setenta y muchos hasta el ochenta y muy pocos cerramos la puerta de la vieja Astorga que Fabián y compañía habían empezado en el mítico ‘Rompetetas’ décadas atrás. Una Astorga de noche, barras, humo, whisky y ron, de cena rápida en la cocina y desayuno lento en el Correos, de sentadas en Fátima y miradas furtivas.

Ahora, como digo, lo que ‘pinta’, también en la bimilenaria, es tomar unas cañas de tarde, en bares con decoración industrial y grandes plantas; con ‘pintxos’ de base de patata con micuit de morcilla y tal. En los puñeteros gastrobares y la madre que los parió. Sentarse en la terraza al lado de una moderna estufa y disfrutar de una cerveza artesana de bodega, o bien de un Rioja, o un Godello, todo en fina copa y metiendo napia antes, no sea. Fotos, muchas fotos, ‘selfies’ de gente guapa brindando, mostrando la delicia culinaria de turno a todo ‘Instagram’. Todo rematadamente ‘cool’. Tras el tapeo un Gin – Tonic de esos que tardan dos horas y media en preparar y sábado listo. Para casa, que el domingo por la mañana hay que salir a correr, perdón, a darle al ‘running’. Y oiga, no es malo, es distinto, quizás más sano, aunque menos auténtico y con mucha más dosis de estupidez. Astorga se ha subido al carro que tan de moda está poniendo León. Yo echo de menos las grandes ‘noches de copas’ en las que antes lo de menos eran precisamente las copas. El sábado pasado, viendo las calles casi vacías, los bares desiertos a las tres de la mañana y ni una pizca de humo en el ambiente pensé en todo esto. Ahora, por desgracia, a la noche también se le pone filtro.

Agárrate a ese instante

No lo sueltes; fíjalo con fuerza y vívelo al momento. Sea pequeño; sea aislado o duradero. Sea intenso o dulce, modesto o indiscreto; sea mientras estás de vacaciones o en el trabajo, en tu casa, en un bar o en una estación de tren. Agárralo con ganas y vívelo porque ese dichoso instante ya no va a volver nunca más.

Yo tardé en saberlo, en aprenderlo. Pasé la enfermedad de mi madre lamentando nuestra mala suerte y nuestra desgracia, sin aprovechar aquellos ratos buenos, que los hubo, para, simplemente, disfrutarlos, ser feliz a pequeñas píldoras. Una conversación, una sonrisa, una tarde sin dolor. Miraba al futuro, suspiraba por su recuperación al plazo que fuera, ansiaba la felicidad larga, duradera y definitiva. Cuán equivocado estaba. La vida nunca fue así. Todo esto es un conjunto de momentos que o los coges y los saboreas o se van, para nunca más volver. El que espera difícilmente podrá obtenerlos. El día que me di cuenta que acariciando su cara podía compartir con ella un buen momento fue tarde. No duró mucho más. Se marchó y yo me quedé como un idiota, sin haber sacado al aire todas esas pequeñas cosas que al final constituyen los buenos momentos de la vida, por dura que esta sea.

Con mi padre no me pasó. Le saqué todo el jugo que pude. Cada día saboreo, y nunca mejor dicho, una comida que mi hermana y yo compartimos con él. Restaban quince días para su muerte y sentado en su silla de ruedas y sin apenas probar bocado, estaba feliz viéndonos degustar un plato, y así nos lo hizo saber, apenas ya sin voz; un susurro que tronó en nuestros oídos a pesar de la algarabía del local. Y yo era feliz viendo a él serlo y estarlo. Pude detener el tiempo, agarrar ese instante y abrir el archivo para darle a guardar. Era un hombre con una enfermedad terrible, que lo iba a matar en tan solo unos días, fin que ya intuía pero sí, era feliz simplemente viendo a sus hijos tomar con apetito el almuerzo en un restaurante.

Un paseo en coche, de Santiagomillas a Astorga, la última vez que pisó su querida casa del pueblo. Un rato sin dolor, un instante para hablar de cosas banales: del Real Madrid, de comprar un colchón nuevo, de esa carretera que no tiene ni un maldito punto donde se pueda adelantar. Estaba viviendo ese ‘tonto’ momento en el ocaso de aquella tarde de septiembre y me estaba pareciendo algo maravilloso; felicidad pura. Son ejemplos de los muchos que pude capturar en unos meses, porque había aprendido a hacerlo a base de los ‘tortazos’ de esta perra vida.

Conducir con mi padre al lado, ya ves (perdón el tuteo, por esta vez); la felicidad llega cuando se está buscando más que cuando se encuentra. Por eso te digo, hazme caso que sé de lo que hablo, por desgracia. Agarra fuerte ese instante, sea donde sea pero que sea con alguien de verdad. Deja de perder el tiempo con gente que jamás te lo va a agradecer ni a valorar.

Corre a pasar una tarde con tu madre en el salón de casa, con tu hermana en la plaza o con quien quieras y te quiera, en cualquier rincón del mundo. Macera las simples palabras; aquellos gestos de calor. Una mano en la pierna o un cachete en el hombro. Mételo en vinagre y consérvalo todo lo que puedas, porque algún día quizás lo eches de menos y te arrepientas de no haberlo hecho.

Fiscalizábamos Astorga

Antes lo hacíamos, poníamos el dedo en la llaga; para ser exactos, nuestros maestros en esto de contar noticias lo hacían, y lo manejaban con respeto e incluso con cariño, pero sin titubeos. Ahora parece que una especie de arrogante comodidad nos ha invadido a todos, que mecemos esas fantásticas notas de prensa con foto y corte incluido que nos mandan desde la ‘Casona’, la Junta o la Diputación, amén de empresas varias. Párrafo para arriba, unas cuantas palabras para abajo y listo. Sin preguntar apenas el porqué y el porqué no. Sin dar media vuelta a las cosas, arrastrados muchas veces por esas líneas editoriales de nuestros medios que a su vez escriben los cheques recibidos por el partido, la empresa o la administración de turno. De eso comemos, nos tranquilizamos, pensando que no tenemos más opción que hacerlo, y en gran parte así es, pero no por ello es menos triste.

Desde hace más de un año veo que los medios locales, servidor incluido, más que contar noticias parece que estamos haciendo campaña. Articulo a artículo, reportaje a reportaje doramos la píldora a un equipo de Gobierno que está haciendo muchas cosas bien, no hay por qué negarlo, y hay que dar cuenta; pero una de las máximas responsabilidades de los informadores es hablar sobre lo que no va tan bien, sobre lo que falla, lo que se intenta y no se consigue o sobre lo que ni siquiera se intenta. Y eso no lo estamos haciendo. Recuerdo en este punto a dos ‘profes’ del ‘te mato con la pluma antes de invitarte a un café’ como eran Maite Almanza y Polo Fuertes, con los que estaba el gran Quique Ramos, quien sigue en la brecha, escribiendo menos de lo que seguramente le gustaría. Ojalá alguien vuelva a dejar a los periodistas serlo; en El Faro, Diario o el medio que sea. Hay que fiscalizar la labor de las instituciones, debemos ser notarios de lo que está pasando, no de lo que unos pocos quieren que pase.

No desesperemos, gente como Toñi Reinares, de AstorgaRedaccion, está en ello. Una de las pocas que se atreven a contar los trapos sucios, que los hay, de esto llamado información local. Las consecuencias para ella han sido devastadoras, viéndose relegada a una ridícula aportación del Consistorio para publicidad en su medio, comparado con otro que, curiosamente, tiene menos audiencia, pero que hace una increíble campaña de promoción. Reinares tiene menos en el bolsillo y más en la conciencia periodística, no lo duden. También Ana Valencia ha mostrado la patita en las páginas del decano de la prensa leonesa. Y han llovido palos, al igual que al que suscribe, que desde esta ventana, de momento libre e independiente, ha intentado contar las cosas buenas y malas, mejores y peores de esta nuestra querida Astorga. Ojalá volvamos a fiscalizar como lo hacían Maite y Polo, que verán allá donde estén que esto del periodismo se está convirtiendo en un arma de los fuertes, no de los débiles, como siempre debería haber sido.

Me convertí en hijo cuando cuidé a mi padre

En menos de año y medio me veo otra vez en este lugar, dirigiéndome a ustedes para mostrarles mi gratitud. Teniendo que tragar saliva a litros para volver a escribir estas pocas líneas sin desmoronarme. Como les dije en aquella ocasión: espero lograrlo, y si no, ustedes lo entenderán.

Hace algunas semanas mi padre mostraba su pulgar hacia abajo, indicando, cual gladiador abatido, que era hora de saludar antes de morir. Ese era su deseo, más poderoso que sus hijos o sus nietos, más fuerte que cualquier medicina. Inquebrantable aspiración a la que quería llegar sin demasiada demora, por mucho que nos empeñáramos en burlar un poco más su destino los que estábamos a su lado. Lolina, como decía él, lo estaba esperando y mi padre solo pensaba en subir todos esos peldaños. Y ascendió, con paz, tranquilidad y sosiego. Ayudado siempre por ella, que no lo dejó sufrir ni un instante más del necesario, que ya fue mucho.

Lejos de lamentarse, lejos de desfallecer… es hora de dar las gracias. Y darle las gracias, en primer lugar por dejarme cuidarle. Y es que ahora sé (gracias a la doctora Gema, nuestro Ángel de la Guarda) que uno no es hijo hasta que no cuida a sus padres. Para mí ha sido un honor, y un orgullo, escuchar como la enfermera me decía que no quería hacer tal o cual cosa hasta que yo no llegara de trabajar. Como posó en mis manos su vida entera. Es un acto de amor como nunca había visto. Haber podido vivirlo, aún bajo la tormenta, ha sido una de las experiencias más importantes de mi vida. Escribo por su puesto también con el puño de mi hermana Estefanía, mi gran pilar en esta triste época.

Gracias papá por todo lo que has sido, por tu bondad y por tu pasión por nosotros. Gracias por enseñarme a vivir con mis defectos y virtudes, con mis penas y alegrías. Gracias por combatir mi mal genio con tus enfados de cinco minutos, que mostraban siempre la otra mejilla. Y lejos de cosas tan trascendentales, tan vitales, tan manidas en muchas casos pero no por ello menos ciertas, gracias por enseñarme todos esos pequeños placeres de la vida. Como las películas de Jonh Ford, las tardes en Santiagomillas o el arroz caldoso con verduras.

Gracias por tus desvelos, tus esperas y tu infinita paciencia, que nunca se agotó. Demostraste al mundo que se puede vivir sin enemigos, que se pueden decir las cosas más duras sin crueldad, con valor y con respeto siempre. Eso hizo que la gente te quisiera, y apenas pudieras dar un paso por la calle de tu querida Astorga sin saludar a este o aquel.

Hoy, cuando solo se habla de muerte, tengo que dar las gracias a la vida por haberme permitido disfrutar de alguien como tú. Ahora seguiré disfrutando de tu familia, de tus hermanos y sobrinos, mis primos, que nos han demostrado en todo este tiempo ser padres y hermanos para nosotros. Gracias a todos esos luisñones porque han sido un tremendo bastón en este tiempo. Una familia grande en todos los sentidos. La gran familia de un gran tipo.

Ahora, ya con tu querida Loli, échanos un vistazo de vez en cuando a los que quedamos por aquí, no sea que nos tengas que dar un toque de atención. Muéstranos ese camino por el que transitaste porque por él quiero pasar yo también. Si conseguimos hacerlo sabremos que algo bueno dejamos detrás, como hiciste tú. Gracias a todos.

Astorga luce ‘Orgullo’

La Asociación de Lesbianas, Gays, Trans, Bisexuales e Intersexuales, AWEN LGTBI+, de la provincia de León tiene su sede en Astorga; algo que podría parecer curioso a tenor de la histórica tradición conservadora que siempre tuvo la villa maragata, capital además de una de las diócesis eclesiásticas más grandes de España. Pero lo cierto es que este es ya el segundo año que se organiza un Día del Orgullo en la bimilenaria urbe, y a tenor de la gran cantidad de actividades preparadas para este fin de semana, la repercusión está asegurada.

Dos días muy completos con actos “que están abiertos a todos los públicos y sectores de la población” tal y como señala Carmen Villaverde, presidenta de la entidad y ex candidata a la alcaldía del Ayuntamiento de Astorga por Izquierda Unida (IU). Un programa con charlas, talleres, desfiles, juegos, exposiciones, teatro, conciertos y un mercadillo. Todo, eso sí, estará teñido este año con un poso de tristeza debido a la matanza de Orlando ocurrida hace unos días, donde muchas de las víctimas pertenecían a este colectivo, y así lo han expresado desde la asociación.

¿Y cómo se toma la capital de la diócesis asturicense esta singular fiesta? Desde la asociación argumentan que “el año pasado hubo más habladurías, más comentarios de todo tipo al ser la primera vez que algo así se celebraba en Astorga”. La localidad es una de las más pequeñas del país en acoger actos del día del Orgullo Gay, y eso es un hándicap, “luchamos precisamente para eso, para que festejar algo así sea visto normal en una ciudad de provincias”. Pero además del tamaño, la historia conservadora y monacal de la urbe también juega en contra de AWEN, aunque nadie ha manifestado públicamente su disconformidad. Tampoco el Ayuntamiento, que aún cambiando de color político (del Psoe al PP) apoya los actos. “Nos hemos reunido y pondremos a disposición de la asociación todos los recursos que nos sea posible”, apunta convencido el teniente de alcalde de Astorga, Pablo Peyuca. Pero que nadie se oponga públicamente no significa que no haya voces discrepantes en el municipio. El pasado año, durante la celebración del evento, “hubo algunos insultos mientras disfrutábamos de la comida en la Eragudina” (parque a las afueras de Astorga), denuncian desde AWEN, “pero no se pasó de eso”, detallan. Miembros de algunas de las asociaciones más veteranas de la ciudad “no vemos la necesidad de celebrar esto en Astorga”, apuntan a este redactor.

“A veces el problema nos lo encontramos más dentro que fuera”, opina Villaverde, quien asevera que tratan de que “nuestros propios socios o amigos vivan su realidad en Astorga con naturalidad y sin complejos ni tapujos, pero no siempre es posible”, esgrime la responsable de la asociación. David, un homosexual astorgano que aún no es miembro de AWEN, comenta; “es complicado salir y anunciar tu condición en un lugar como Astorga, tan pequeño, donde de nada sale una tragedia”. Este joven maragato aún no ha comunicado a todo su entorno su condición sexual, pero ve en la entidad “un alivio y una ayuda para todos”. Al otro lado de la balanza, desde el clero astorgano no hay demasiados pronunciamientos con motivo de esta celebración, se mantiene un silencio respetuoso aunque tampoco se ha expresado el apoyo públicamente.

Quienes sí están muy de acuerdo con la fiesta son los empresarios de la ciudad, que han decidido colaborar activamente. Así, desde AWEN han buscado socios patrocinadores que anuncian ya los festejos en sus negocios y ponen recursos a disposición de la organización del evento. Tal ha sido el éxito de participación que son más de 50 los establecimientos que se han adherido a lo que se ha denominado ‘Astorga con Orgullo 2016’. Se pueden ver todas estas colaboraciones así como el resto del programa en la página astorgaconorgullo.tk. Que ustedes lo luzcan bien.

Programa Astorga con Orgullo 2016

Sábado 25 de junio
Zona plaza Eduardo de Castro
12.00 – Pregón a cargo de los concursantes Pekín Express
12.20 – Actuaciones grupo ‘Rebelarte Teatro’
13.00 – Inauguración exposición ‘Yo te cielo’

Zona parque de El Melgar
14.30 – Comida en Karne Magna y apertura del mercadillo
17.00 – Talleres para padres y niños con la actuación del Señor de las Pompas
18.00 a 2.00 – Sweet Party con la actuación de tres ‘djs’.

Domingo 26 de junio
12.30 – 14.30 Ruta de vinos y tapas por Astorga
Continúan abiertos el mercadillo y la exposición ‘Yo te cielo’.

El último Maragato

David Andrés es un tipo diferente. A su edad, 31 años, los jóvenes tienen, digamos, otras miras, otras inquietudes, mirando casi siempre más al asfalto que a las piedras del camino. Este maragato de nacimiento, pasión y devoción dedica sin embargo buena parte de su tiempo a esta comarca, que como escribía la escritora Concha Espina en su obra ‘La Esfinge Maragata’, es “de nombre sonoro y muerta fisonomía”. Una tierra en pleno proceso de total despoblación que ha encontrado en este tamboritero un bastión de resistencia. David Andrés rezuma Maragatería por los cuatro costados y eso se nota. Desde su blog, ‘El tamboritero maragato’, propone actividades como por ejemplo un taller de castañuelas desarrollado en el pueblo de Piedralba y que finalizaba hace tan solo unos días con una participación de unas 25 personas, que pudieron aprender a tocar este tradicional instrumento, parte indispensable del folclore popular; “es indispensable que no se pierdan este tipo de cosas, que la gente sepa y pueda seguir enseñando”, apunta convencido el maragato.

Pero esta página creada por Andrés es un auténtico diario de la zona. Punto de encuentro para muchos particulares y empresas de la comarca que tienen aquí un nexo de unión para conocerse y entablar relación. Casi 800 personas se han unido ya a este grupo de Facebook creado por David y en donde se puede ver todo lo referente a la zona.
Además en este grupo de la multitudinaria red social expone historias de los pueblos, fiestas y actividades, noticias, folclore de la zona pero también de paisajes aledaños como La Cabrera o el Bierzo. Sus fotografías antiguas, de viejos arrieros de finales del siglo XVIII y XIX son celebradas entre los miembros de esta comunidad que crece cada día.

Pero David es mucho más, comenzó con 15 años a aprender música tradicional de la comarca. La flauta y el tamboril sobre todo; “empecé con el maestro Paco de Val de San Lorenzo y estuve con él dos años, luego he procurado recopilar todo lo que he podido para seguir conociendo sones”, apunta. Ha participado en varios documentales realizados sobre la comarca, el último para el programa ‘En portada’ de Televisión Española, emitido hace unos meses en ‘La 2’. Acude a decenas de fiestas aportando su música, “empecé en una fiesta hace ya varios años y ahora voy a muchos pueblos, intento que los bailes no se pierdan”, esgrime, “la Maragatería tiene una peculiaridad y es que la gente de los pueblos sale a bailar, conoce los pasos, eso no ocurre en otros lugares, esto no puede morir”. Tal es su nivel que en 2013 ganó el concurso de tamboriteros en el célebre Martes Mayor de Plasencia, reconocido evento de folclore a nivel nacional. También imparte clases en ‘Arlafolk’, que es la asociación del Reino de León de amigos del folclore. Una pasión, la de tocar flauta y tambor que incluso le llevó a ser el primer maragato vestido con el traje tradicional en tocar en la cima del Teleno.

Pero además este joven, que trabaja en un negocio familiar de panadería y pastelería en Astorga pero que vive en el pueblo (maragato por supuesto) de Piedralba, también es reconocido por estudiosos y escritores como todo un experto en la materia. Uno de ellos, José Manuel Sutil, director del archivo diocesano de Astorga, historiador e Investigador Mayor de Maragatería, apunta que “David es una alegría para todos, que un chico tan joven se interese de esa manera por la tradición y la historia de la Somoza (antiguo nombre que recibía la zona) es algo tan necesario como bueno”.

Y es que este nieto de panaderos tiene sus propias teorías sobre el misterio que arrastra esta comarca, sobre su origen e historia pero también sobre los problemas que la acucian en estos momentos. “La despoblación es ahora la máxima preocupación para la subsistencia de estos pueblos”, advierte, “los ayuntamientos o juntas vecinales tienen que ofrecer ventajas importantes para que la gente quiera instalarse de nuevo en los pueblos”, y pone de ejemplo, “quizás con rebajas o anulaciones de impuestos municipales, cesiones de terrenos u otro tipo de medidas que vayan por ahí se puede conseguir esto”. Algo que ya se está intentando en algunos lugares, como Prada de la Sierra, un pueblo donde una asociación intenta recuperar casas y vida. El tamboritero reconoce que los pueblos más cercanos a Astorga como Val de San Lorenzo “tienen un mejor futuro” pero otros como Manjarín, Prada o Molinaferrera “tienden a desaparecer totalmente”.

La historia y el origen de la comarca es otro punto de debate entre historiadores y académicos pero en el que el joven de la familia Andrés también tiene su propia opinión: “yo creo que el origen de los maragatos está ligado a la figura de Fray Sarmiento, que fue el primero que empezó a debatir sobre la figura de los habitantes de esta zona”.

David cree en este sentido que “los maragatos eran moriscos, moros cristianizados que se asentaron aquí, simplemente”, y advierte “hubo gente que quiso tapar a lo largo de los años la procedencia real de los maragatos y este fraile nunca lo quiso esconder”. También asume que el origen de la palabra que los identifica es confuso, tal y como apuntan otros estudiosos, “creo que es un mote que recibían, pero no se sabe de dónde viene”, y apunta posibles pistas “pudiera ser de la maragota, un pescado que transportaban desde Galicia los arrieros, o bien por bragas del traje e incluso de un pueblo bereber que se llama ‘maragath’”, nada se sabe a ciencia cierta.

David Andrés también opina sobre otro de los temas que suelen crear discordia en esta parte del suroeste de León. ¿Cuál es la capital de la Maragatería? Se preguntan muchos; “depende” contesta David. “Desde un punto de vista histórico, donde mayor actividad arriera se concentró en la edad de oro de la zona es el pueblo de Santiagomillas”, que incluso llego a tener una empresa de diligencias para el transporte de pasajeros y mercancías, aunque matiza, “en estos momentos la economía se mueve en Val de San Lorenzo, se podría decir que es la actual capital por industria y habitantes”, y ofrece una tercera opción, “Santa Colomba de Somoza sin embargo aglutina la mayor cantidad de pueblos bajo un mismo municipio, 16, y además es el de mayor extensión”.

De conversación tranquila y pausada, a David Andrés se le nota pasión por lo que cuenta y enlaza temas durante la conversación que dan una magnifica visión general de una de las zonas más peculiares de la provincia de León. Si se le pregunta por el futuro cambia el gesto “si consigues que 15 personas aprendan la jota maragata, u otro tipo de bailes de aquí y lo enseñen a otras cinco; si logras que algún chaval vaya cogiendo afición por el tambor y no se pierda la cultura popular ya se ha logrado mucho”. David, el último maragato, lucha cada día por eso, por no ser el último.