Nabateos y Maragatos: poder en tierra hostil

Si yo les hablo de la relación que pueden tener los habitantes de Petra (Jordania), hace 2.000 años, con los maragatos que poblaron la Somoza leonesa hace algo más de dos siglos, ustedes pueden pensar que lo único que quiero es contarles mis vacaciones en Jordania; ‘pavonearme’ un poco del viaje realizado tal y como hacen muchos usuarios de Facebook (que pasan sus vacaciones más pendientes de contar y mostrar lo mucho que se divierten que de divertirse en sí). Pero les prometo que estando en la ciudad rosada, habitada del siglo IV antes de Cristo al II después de Él, no dejaba de pensar en las similitudes de ambos pueblos.

Seguramente haya coincidencias entre casi todos los moradores que han habitado en algún momento la tierra, al final somos lo que hacemos, y las casualidades aparecen.
Pero lo que nos ocupa en este caso no deja por ello de tener cierta gracia, observándose que ante las dificultades geográficas y climatológicas, estas dos ‘civilizaciones’, nabateos y maragatos, supieron sacar mucho partido. Sabiendo en todo momento que ambas ‘estirpes’ no son comparables ni por su condición, ni por su importancia en la historia. Pero verán que la reacción en muchos casos ante la vida fue similar.

Hablemos en primer lugar del entorno. La ciudad de Petra (sur de Jordania) se asienta en un terreno casi desértico, cercana al mítico Wadi – Rum, tallada en piedra arenisca, la dificultad para asentarse en este lugar era casi infinita. Casi, porque de hecho los nabateos se asentaron, y triunfaron como nación. Y en parte gracias a su inteligencia a la hora de mover y conservar el poco agua que tenían, pudieron ser los primeros fontaneros de la historia, pero también de sacar partido al entorno y la ubicación estratégica. Algo capital en toda esta historia.

Salvando las distancias, los maragatos hicieron lo mismo. Desarrollaron su vida en un entorno, como dice Concha Espina, “de nombre sonoro” pero también “de muerta fisonomía”. Un espacio árido en muchas de sus partes, difícil, secó. Abrasador en verano, gélido en invierno. Pero, tal y como ocurrió en Petra, con un emplazamiento ideal para el transporte de mercancías entre el oeste y el centro de la península. Y eso lo supieron ver tanto unos como los otros.

En la explicación que nos dieron sobre el modo de vida de los nabateos se constataba esa idea. Petra almacenaba y distribuía a través de su paso mercancías llegadas de Arabia, Mar Rojo e India. Y aunque no se dedicaron (en su mayor parte) a transportarlas, como sí hicieron los maragatos, llenaron su ciudad de oro gracias a los aranceles, algo que les duró hasta que Roma se fijo en ellos. En definitiva lograron poder mediante el comercio de mercancías, tal y como hicieron muchos maragatos. Unos custodiándolas y cobrando aranceles y los otros transportándolas a buen precio.

Pero, siendo el modo de vida dedicado al comercio en un entorno complicado, una de las coincidencias más grandes, no era la única. El carácter cerrado de ambos pueblos. Nabateos y maragatos, seguramente debido precisamente a lo arisco del terreno, eran grupos cerrados, poco dispuestos a la relación a pesar de su oficio como comerciantes. Algo que no deja de chocar. Algo que también se refleja en su arquitectura. Salvando las distancias, la idea del primitivo pueblo y de los leoneses era igual. Estructuras grandes pero cerradas, espectaculares pero ocultas. Algo evidente en Petra, que vivió escondida mucho tiempo para los romanos, y más aún para los occidentales pasados los años. De hecho en la capital nabatea, dicen los arqueólogos, queda mucho por excavar, por descubrir. Algo similar a los maragatos, de los que todavía ni siquiera se conoce a ciencia cierta el origen de su nombre.
Piénsenlo, por mucha diferencia de tamaño, de historia, de idiosincrasia… estas dos comunidades, tan separadas en espacio y tiempo, tienen muchos puntos en común.

Poder. Esa puede ser quizás la palabra que más les una. A pesar de todo lo expuesto, el terreno difícil, el clima, el carácter agrio…el poder que acumularon gracias a sus negocios comerciales es cuanto menos sorprendente. Qué casualidad más maravillosa. Dos pueblos que no tenían prácticamente nada para triunfar, se convirtieron en poderosos e influyentes habitantes de su época, y su recuerdo queda perenne.

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