Astorga adolescente, veranos que no vuelven

Astorga ha cambiado mucho. Mi ciudad adolescente se hizo mayor, y el verano más rápido y aburrido. Agosto anima, pero ya no tanto… julio se mueve, pero ya no tanto. No a la velocidad de antaño ni con tantos maquinistas del ocio, el mismo ocio, al menos, de antes.

Este verano hice el propósito de revivir y recorrer la ciudad de hace 17 años, sus usos y costumbres, sus maneras, sus atractivos…lo que a mí me sugería en verano. Los lugares de mi adolescencia y primera juventud. Lugares que conocerán, recordarán y seguramente añorarán todos aquellos que lean este post, pasaran sus mejores años en la muy ilustre y benemérita, y nacieran entre el año 1977 y 1982 (año arriba, año abajo).

Algunos paseos nocturnos, con noches espléndidas como las de este estío, me plantearon varias posibilidades. Una, que los jóvenes no disfrutan de la calle como antes. Dos, que los adolescentes de ahora se divierten en otros lugares nuevos. Tres, que haya cambiado la forma de ocio. Cuatro, que directamente no haya juventud (bingo, querido amigo).

Hagan memoria aquellos que puedan, tomen nota todos los demás. Los veranos de aquellos años se dividían en dos partes. Una, los días de diario. Dos, los fines de semana. Pero todo era ocio. De lunes a viernes la ruta era la siguiente. Piscina, casa, cena, Culebra y/o Aljibe. Una piscina que conservaba sus grandes chopos, para dar sombra, su césped algo amarillento, pero en el que no cabía un alma. Amigos, amigas, amigas que querías ver, amigas de amigas que no querías ver, amigas que no querías que te vieran con otras amigas, amigos que querías que te vieran con otras amigas, amigos que no querías ver ni en pintura, amigos que veías solo en verano, amigos que no querías ver ni en verano, amigas que no querían verte a ti. Desde luego una piscina con mucha amistad la de aquellos tiempos. Una piscina a la que volví hace unos días, en una tarde calurosa, soleada, totalmente estival. Pues apenas tres o cuatro decenas de personas, casi todos papás con sus niños, poco adolescente ‘inquieto’ por hacer amistades. ¿Dónde están?

El parque del Aljibe, por la noche, se volvía a llenar. Allí era donde se confirmaba o no lo realizado esa tarde en la piscina. Con un polo de limón de 25 pesetas del bar tirabas buena parte de la noche. Las gradas para los que habían hecho los deberes (en la piscina). Los bancos para el resto, con la sudadera en la cintura, por si tenías que prestarla. Bullía de ambiente hasta la una o las dos de la mañana. Nada de eso queda ya. Un grato recuerdo. Un lugar que también recorrí este verano y cuya soledad me apenó profundamente. El Aljibe ni siquiera se vaciaba en las noches de cine en la plaza de La Culebra. Uno de los lugares a mi entender más desaprovechados de Astorga en la actualidad. La pared de un edificio servía de pantalla, la película muchas veces era lo de menos. Una plaza llena, con cine de verano, con millones de cáscaras de pipas traídas de ‘Melos’, o servidas por Consuelo en ‘Caprichos’. Veladas fantásticas, donde reinaba el señor verano. Ahora solo hay oscuridad y óxido.

 Otro de los puntos importantes, aunque este yo no lo frecuenté demasiado, era la plaza de Puerta de Rey. Cientos, y digo bien, cientos de niños y jóvenes disfrutaban del calor de un barrio, sin horarios, sin llaves ni cerraduras, con la iglesia en frente y la cuesta de Santa Ana detrás, para que si se escapaba la pelota volviera rodando. Caminando en agosto de 2013 por esta mítica plaza de Santo Domingo, la pena volvió a recorrer mis huesos.

Puntos míticos pero no únicos. El escalón de entrada a la agencia de viajes (ahora locutorio) al lado de ‘Melos’, con el flash o el morenito congelado en la mano. El saliente de la muralla, hoy desaparecido, en frente del mítico bar Cohen, aquel al que nuestros padres llamaban ‘rompetetas’ y en el que ahora solo hay papeles y registros (ya ven, cambiamos las tetas por la burocracia, así nos ha ido). Allí en el banco de piedra que rodeaba al pino también se contaban muchas batallas, y se libraban. La placita en frente del colegio Blanco de Cela. El final de la muralla, donde ahora se erige la comisaria de la Policía Nacional. La plaza Santocildes, al lado de la cabina. La plaza Eduardo de Castro, también al lado de la cabina telefónica.  Recuerden, antes no se llamaba a la persona, se llamaba al lugar, pero había mejor cobertura. El pequeño soportal que sale del Pabellón de deportes y que ahí sigue, mirando ahora hacia las pistas de padel, la nueva urbanización, el nuevo supermercado, el instituto. Antes la nada. El R-8 era solo un proyecto. Y para asuntos más íntimos, el banco, en la propia muralla, escondido tras los setos, que mira a la pared del Obispado. Un lugar que espero se siga utilizando hoy, aunque sea poco…antes había que pedir la vez. Siempre ocupado.

El fin de semana y una vez que rondabas los 16 la ruta cambiaba, intentabas colarte en los pubs y poner cara de “no sé por qué me miráis”. Pubs de verano que eran una verdadera pasada. Acuérdense del Mapi, anexo al teatro Gullón. Con esa barra, esas mesas de billar, esa tarima de madera. El Cohen, en la muralla, magnifico. El Trébol, una verdadera terraza de verano, donde había conciertos, donde los Confusos, los Sponjas o Factor Sorpresa ponían el rock local por bandera. Un panal de ladrillo ocupa ahora su lugar. Triángulo, El Sitio, Anuska, La Parrilla, Anaconda, Ya nunca me llamas (donde nos codeábamos con ‘los mayores’), La Habana, Cuadros o las fiestas en el local de Fernando el cristalero (que no viví, pero escuché). Tela marinera. Locales con sabor, y olor, especial, y que muchos de ellos tuve, de refilón y en su decadencia, la suerte de conocer. Pandillas míticas que sirvieron de guía para los que veníamos detrás, que nos enseñaron los lugares, a veces sin ganas, que hoy recuerdo. Simpas, Drinking, la Pocha, Vente de Copas y muchos otros desbrozaron el camino que antes habían abierto nuestros padres. Un camino que tras mi generación se está perdiendo, se vuelve a llenar de maleza. Culpa de nadie, culpa de todos.

Las fiestas eran el culmen del verano, y también su fin. Unas fiestas que regaban de gente Astorga, sobre todo cuando las atracciones se ubicaban en la plaza de San Bartolo, la calle Padres Redentoristas y el espacio en frente de la biblioteca, cuyos restos romanos aún estaban por salir a la luz. No digo que el cambio de sitio no fuera necesario. Pero la realidad es que hoy día pasear por el centro de la urbe un miércoles de fiestas, por ejemplo, es como pasear el miércoles anterior. Es así.

Quizás el único reflejo que veo en la actualidad de aquella Astorga adolescente, y que sigue fiel a sí mismo desde hace más de treinta años, es la Vuelta Chapista a Astorga. Donde ya están jugando los hijos de los que un día empezaron. Y todo gracias al empeño de esos niños que vivieron esa Astorga adolescente, de la que solo quedan retales. Benditos ellos, y larga vida a esa vuelta chapista, que forma parte de mis mejores recuerdos, aunque mi inutilidad con las chapas nunca me permitió jugarla.

 

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15 pensamientos en “Astorga adolescente, veranos que no vuelven

  1. Ahhh… qué recuerdos.
    Me da mucha pena que se haya perdido aquel ambiente nocturno en el parque del Aljibe, donde las diferentes pandillas nos entremezclabamos. Donde surgían romances y en ocasiones, disputas.
    Recuerdo perfectamente aquel banco que comentas, en la muralla, frente al seminario, encorsetado entre setos donde todos, en alguna ocasión, nos hemos apalancado para… Bueno. Ya sabemos todos para qué. Viene a mi memoria otro que también estaba bastante solicitado, al final del jardín, junto al cubo en el que la muralla cambia de dirección.
    Y las noches de película de la plaza de La Culebra… Cuando proyectaban alguna que tenía menos de dos años aquello era el acabose.
    Personalmente también tengo gratos recuerdos del parque infantil. Anda que no gasté yo bicicleta en aquella reproducción de trazado urbano.
    Personalmente cuento con otros dos lugares en los que pasé horas y horas viendo pasar trenes. El primero, cómo no, la estación. El segundo, vía adelante, hacia el oeste, en el paso a nivel sobre la carretera de León. Cuántas pesetas puestas en la vía para que las aplastase el tren…
    Incluso depuramos la técnica y las pegábamos con celo al raíl para que no saltasen con el paso del convoy. Quedaban como una hoja de papel…

    Muchas gracias por este post, con el que me has evocado inigualables momentos y lugares de mi infancia y adolescencia.

  2. Así es querido amigo… Astorga y sus lugares cada vez van a menos… gracias por este post y por el magnífico trabajo realizado durante estos años. Esperemos que algún día las calles vuelvan a vivir los momentos pasados, aunque quizás las nuevas tecnologías no ayudan a la interacción social del pasado… lo que antes era el aljibe ahora se llama wathsapp… la piscina ahora se llama Facebook… y la plaza de la culebra ahora se llama cinetube…
    Solo los que tuvimos la suerte de vivir esta Astorga (año arriba, año abajo, jeje) sabemos la desgracia y pesar que sentimos al ver la actual.

    Grupo de Jóvenes de Astorga y Comarca.

  3. Jo macho que recuerdos…nunca me habia parado a pensar lo que cambian las cosas…pero generacion tras generacion siempre cambian las cosas y la anterior generacion siempre dice lo mismo de su predecesora…os echais a perder xD pero nose yo lo unico que veo ahora son jovenes justin bieber que solo miran por su aspecto (con las pintas que llevabamos a veces y nos importaba un carajo como ibamos vestidos, la moda era algo secundario) y chicas con pantalones mini por la calle queriendo ser unas divas con la cara en el movil todo el puto dia…en fin a lo que iba un gran post que me ha llenado de recuerdos y nostalgia que por desgracia nunca volvera!!! cuando eres joven te empeñas en ser mayor y cuando ya lo eres añoras la niñez… Un saludo alvaro!!

  4. Que bueno socio…. yo me acuerdo aun del bar que estaba donde hoy estan las oficinas de la Cepedana…. de los bocadillos de patatas fritas del Rios…. de jugar al futbolin en Vegas….. las cervezas en La Liebre…. alegraros de que al menos pudimos vivirlo machotes….

    • Bar Virginia.
      El Ríos: Los bocatas de patatas con o sin salsa de tomate a 25 pesetas… míticos y por supuesto parada obligada para comprar tabaco que salía “más barato”.

  5. Simplemente impresionante,,,es el relato de muchos de nosotros,los que vamos a cumplir 40..o los que ya los tienen.parece que estuvieras espiando estos años a buena parte de los astorganos.lo dicho…….impresionante.

  6. Igual yo no soy la mejor persona para comentar ésto, o igual si. Yo nací en el año 1995 y he visto desde entonces una Astorga que ha avanzado (o se ha atrasado, no lo tengo muy claro) conforme al paso del tiempo. Creo que me encuentro en esa juventud que tanto anhelas y que tanto ha cambiado.
    He de decir a favor de los jóvenes de ahora, que las nuevas tecnologías han aplastado las relaciones cara a cara, han hecho de nosotros personas más valientes detrás de una pantalla que en la calle y quizá nosotros no tengamos la culpa. La piscina de Astorga cuesta tres eurazos, y la mayoría de los jóvenes están demasiado acomplejados como para “exhibirse” de esa forma. ya no vamos al cine porque podemos ver las películas en casa cuando queramos. Supongo que no es lo mismo. Aún así por la noche llenamos los bares. La terraza del K con una buena CocaCola es el lugar idóneo para echarte unas risas. Unos futbolines en el Il Mondo (Lokura), o simplemente estar tirados en el melgar sin mucho que hacer. Melos y Vicente siguen encantados con nosotros, podéis ir a preguntar. Seguimos quedando en taxis, utilizamos esas pistas de padel de las que hablas y los caballitos caben mejor en la explanada del melgar. Las plazas están vacías y reformadas y eso es algo que, quieras que no, llega con el cambio. No se si había recortadores entonces, pero desde entonces, cada lunes de fiestas llegas a casa un poquito más feliz, con la convicción de que ha sido uno de los mejores días del año, junto con romanos.
    Por último añadir, que no puedo estar más de acuerdo contigo: la vuelta chapista marcha la diferencia. Yo no la viví, pero mi hermano llega cada año a casa a la hora de la cena y me narra de forma clara y precisa la etapa del día, con los ojos cargados de ilusión y ganas de superarse. Todos los días le veo ponerse la camiseta por la tarde con su dorsal de papel.
    Pdta: la juventud sigue viva.

  7. un picnic de nostalgía en el Aljibe estaría bien… con nuestros cambios, nuestras nuevas vidas pero con una adolescencia común… Ahí lo dejo… 🙂

  8. Y que quieres si es una ciudad pero como sino lo fuese. Con todos los respetos no tienes nada. Ni un centro comercial, ni un hospital por si te ocurre algo, ni un triste cine joder. Yo si de ahí pero me vine a vivir a Madrid capital al distrito de Carabanchel con 9 años y tengo 29. De Astorgano poco pero tampoco soy quién para juzgar Astorga. Pero reconozcamos que no hay nada.

    Jaaaaa.

    • Sí amigo, cine si hay. Y seguramente se tarde menos en llegar a un gran CC de lo que usted se cree. Y, también con todos los respetos, poder contemplar el Teleno nevado desde la muralla…no tiene precio. Quizás en Carabanchel no pueda hacer eso. Todo depende del punto de vista desde el que se tomen las cosas.

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