Tres minutos de cáncer

Desde el pasillo, al fondo, en la puerta de la habitación, veía como arrastraba un poco las zapatillas de andar por casa. Con paso algo cansado, venía acompañada por mi hermana, que no traía el gesto demasiado alentador. La ginecóloga las precedía un par de pasos por delante. Al llegar a mi altura me miró y torció la cara, seria, levantó un poco las cejas y realizó una sutil mueca con la boca.

La palabra maldita salió al instante, miraba hacia abajo, semitumbada en la cama, con los ojos ya enrojecidos. Tras quedarse un instante con mi padre, a solas, con todo el peso de la noticia repartido por la habitación, entramos. Lloró tres minutos. 180 segundos. Y eso ha sido todo lo que el cáncer ha sido capaz de ganar a mi madre. Tres minutos. Y nada más. Aquí ya no vas a rascar más maldito.

Con las manos se secó y nos levantó a todos. Literalmente. Una lucha contra la enfermedad y otra contra nuestra pesadumbre, contra el desanimo, contra la negatividad que teníamos en aquel instante. Todos no. Ella no. Ella ya estaba preparada para la batalla, tan solo tres minutos después. Tres minutos por toda una vida. Para agarrarse a un futuro sin enfermedad.

Dicen que el cáncer de ovarios, de los tres que afectan a la mujer, es el más agresivo. En este caso no había dolor, solo un líquido que pululaba por el vientre, y que también indicaba algunas células malignas sueltas. A pesar de todas las complicaciones, a pesar del desconcierto inicial con el tratamiento a seguir, a pesar de todo; mi madre siguió sin darle un minuto de respiro a la enfermedad. Fuerte, positiva, contagiando todo a los demás, aunque a buen seguro los tambores sonaran en su cabeza de vez en cuando.

Fíjense hasta qué punto es significativa la actitud que lo primero que salió de su boca una vez conocida la noticia (finales de Julio) fue: “solo siento que os fastidié el verano”. Simplemente alucinante, a la vez que un poco desconcertante, en el sentido más positivo de la palabra.

El tratamiento no ha sido, no está siendo un camino de rosas, la quimioterapia es dura, aunque la medicina avanza, los tratamientos se personalizan y se minimizan los síntomas. Actitud positiva, fuerte y valiente. Incluso en el pasaje de caída del cabello, algo duro para la mujer, pero que a ella tampoco la tiró al suelo. Con su nuevo pelo, guapísima, pasea por calles y plazas, con la mirada arriba. Con ese discreto encanto que siempre ha tenido, ahora realzado. En este como en muchos otros casos, no es una madre con cáncer, es un cáncer con madre. Algo complicado para la enfermedad, porque aquí no hay tregua. Y como todos sabemos, una madre es mucha madre.

El proceso va dando sus frutos, pero la lucha continúa. ¿Saben una cosa? Es una guerra ya ganada. El valor de una mujer que lucha por algo es imposible de superar, y así, antes que ella, lo han demostrado muchas otras. Incluso para aquellas que por desgracia no han sobrevivido, ellas también son ganadoras, porque han abierto el camino, han desbrozado la maleza de la palabra, han transitado por la senda hacia la dignidad del enfermo de cáncer (Maite Almanza sigues en mi corazón). Mujeres que desde la enfermedad nos han mostrado el ejemplo, el sacrificio, la fe en la curación.

El médico, el buen doctor García Palomo, apenas podía creer que con dos sesiones de química los indicadores tumorales hubieran bajado casi el 50%. Las sesiones puestas habían hecho su parte, la voluntad y el buen ánimo el resto. Es así. La cura del espíritu, para atacar la enfermedad.

Y hablando de doctores, para ellos un sincero reconocimiento. Para quienes trabajan con dedicación por hacer que en muchísimos casos esto solo sea un mal recuerdo, una mala pesadilla, un paso difícil en el transitar. Y si menciono a Palomo, jefe del servicio de oncología del Hospital de León, no puedo olvidarme de la doctora Susana, una joven y talentosa internista de la clínica Altollano, que irradia alegría, ganas de vivir. Que, lejos de los dinosaurios de la profesión, rezuma ilusión y trabajo por los cuatro costados. Y que supone un verdadero apoyo para los pacientes, sus pacientes, a los que por cierto da su número personal para que la llamen cuando lo estimen oportuno. Tomen nota algunos otros.

Como digo la lucha continua, queda camino, quimio, operación, quizás más quimio. Pero la mente sigue fuerte, sigue valiente, sigue sonriente. Una sonrisa, la que mi madre nunca pierde, la que siempre la acompaña. Tres minutos tuvo ese cáncer de paz, solo tres. El resto ha sido, como decían los romanos, ira y fuego contra él. Las mujeres están mostrando de lo que son capaces, capaces de detener a una enfermedad, capaces de mirar hacia un futuro limpio, de sol y estrellas en el cielo.

Este sábado 19 de octubre se celebra el día mundial contra el cáncer de mama (tampoco puedo olvidarme de la labor superlativa e ingente de la Asociación Española contra el Cáncer AECC). Y más que con el lazo rosa, yo me quedo con todas esas mujeres, todas esas heroínas del día a día, que llame como se llame su patología, mama, útero u ovarios, viven agarradas a la vida y que siguen levantando ánimos… y haciendo comidas, y yendo a trabajar, y cuidando a sus hijos, y haciendo la compra, y levantando un país……….. gracias a todas, gracias a mi madre por enseñarnos a vivir.

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4 pensamientos en “Tres minutos de cáncer

  1. Fantástico, Alvaro. Un texto que retrata, desde la dureza y el trauma, lo digno que puede asumirse dicha enfermedad. Una valiente tu madre, un ejemplo.

    Tras lo vivido hace poco mas de 3 años con mi padre, veo reflejado y recuerdo en tus palabras como acepto, afronto, y al final supero la “enfermedad innombrable”, todo un líder – con sus malos momentos por supuesto, pero siempre optimista. Muchas fueron las noches que pase junto a su cama en el hospital, y jamas le oí quejarse, un “enfermo modelo”.

    Ya veras como tras cruzar ese largo, esperemos que sea lo mas corto posible, y seguramente duro camino que aun le/os queda por transitar, consigáis derrotar a la “enfermedad innombrable”, y todo haya sido un mal sueño.

    Ya sabes que en esta familia no acordamos mucho de ella en especial y de todos vosotros en particular.

    Un fuerte abrazo y mucho animo. Fuerza y valor, que decía Cebrian.

    Tu primo Luis.

  2. Muy bueno Alvaro se de lo que estas escribiendo, por desgracia lo hemos vivido y lo estamos viviendo. Eso si, la actitud de tu madre y de la mía y su relación con la enfermedad han sido y son admirables. No se han dejado vencer y luchan con uñas y dientes para superarlo y lo mejor es el ejemplo que nos dan y como aprendemos a valorar las cosas que de verdad merecen la pena y a desechar las otras. un beso, tu prima Chus.

  3. querido Alvaro, he leído tu impresionante escrito sobre mi querida amiga, y no puedo por menos que alegrarme por saber como lleva su enfermedad, pero más por saber la preciosa familia que ha sabido crear y que yo he sido una privilegiada al haber podido compartir momentos maravillosos con ella. Os quiero mucho.

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