Sanitas Legionensis

Les dejo un artículo que escribí hace unos días en La Nueva Crónica, y que no quiero dejar pasar en este blog.

Por fortuna pocas veces he tenido la posibilidad real de comprobar la eficiencia o no de nuestro sistema público de salud, más allá de alguna visita a urgencias o a consulta. Ahora, en estos primeros suspiros del año, alejada la diosa de la suerte ha llegado la enfermedad y posterior operación de mi padre, que ha tenido la culpa de que haya podido realizar estas pertinentes y necesarias (al menos para mí) pesquisas en nuestro querido y odiado (creo a partes iguales) Hospital Universitario de León.

Una mole gris y roja que integra dos edificios como son la Virgen Blanca y el centro Princesa Sofía. Lejos de las naturales incomodidades que suponen tantos metros de salas y pasillos, las consiguientes pérdidas entre sus incontables vericuetos, o ese concepto de universo desconocido las primeras veces que accedes a él; mi sensación es la de un centro hospitalario del que podemos estar bastante orgullosos. De él y sobre todo de la gente que trabaja en él. Hace poco un enfermero, alcalde de una localidad de la provincia para más señas, apuntaba que los leoneses no sabían la suerte que tenían de poder contar con un complejo sanitario tan moderno, tan avanzado y con tantos y tan buenos profesionales. Al menos en lo que a mi experiencia se refiere no puedo estar más de acuerdo. Listas de espera, colas interminables, papeleo infinito. Todo eso está, sigue presente. Pero no es cuestión de atención, de medios, de instalaciones, que es lo que relato aquí.

Hace poco internaron a un conocido por un problema de corazón. Esta persona vive en Madrid, y sus familiares plantearon la posibilidad de traslado a un centro madrileño. Los profesionales de dicha comunidad recomendaron al paciente seguir en León. No porque fuera peligroso el viaje, sino porque “León tiene una de las mejores unidades coronarias de España”. Así se lo expusieron. Una historia completamente cierta y que da buena muestra de lo que pueden hacer en este hospital.

Atención impecable de médicos y enfermeros, con cariño incluso, realizando pruebas sin temor a los recortes, facilitando la vida ‘a bordo’. Limpieza, seguridad, higiene, organización. Un hospital con defectos a buen seguro, pero con muchas virtudes. No nos rasguemos las vestiduras, todo es mejorable, pero poder operarte con éxito, con profesionales de renombre que te van a salvar la vida en muchos casos, y recibir una atención más que correcta no está al alcance de todos, ni tan siquiera dentro de nuestro país. En León lo disfrutamos, lo tenemos, merezcámoslo, no critiquemos todo porque sí. La sanidad pública es un derecho, pero también un privilegio, que ni tan siquiera los ‘todopoderosos’ americanos disfrutan. Piénsenlo.

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