El último Panero

“Mi padre era católico y fascista pero por lo menos era honrado. Mi madre no; mi madre era un putón cubano”. Así, con esas crudas pero descriptivas palabras citaba a sus padres el recién fallecido poeta Leopoldo María Panero, último con vida de esta saga familiar que se hizo inmortal por las letras, el cine y la tristeza. Hijo del astorgano Leopoldo Panero, Leopoldo María pasó media vida internado en centros psiquiátricos, buena parte de esos años en Las Palmas de Gran Canaria, donde murió hace unos días. Junto a sus hermanos, Michi, fallecido en 2004 cuando había regresado a Astorga, sabiendo que ya no iba a volver a salir de la capital maragata, y Juan Luís, desaparecido para siempre el pasado mes de septiembre, conformaba un trío singular que levantó a todo un país y puso en pie de guerra a una ciudad entera tras el estreno de la película ‘El Desencanto’ de Jaime Chavarri. El propio director apuntaba en Astorga hace unos años (en el transcurso de un homenaje brindado por el festival de Cortometrajes) que ni él mismo sabía lo que tenía entre manos. Fue Elías Querejeta, el productor, el que se dio cuenta de la bomba de alcance que la familia del poeta había soltado en la cinta.

Astorga vivió muchos años conmocionada por aquello, enfadada con Michi, Juan Luís y Leopoldo María, ni que decir tiene que tampoco se guardaba buen recuerdo de Felicidad Blanc. Es lógico, los habían tratado de paletos, pueblerinos, ignorantes casi. Pero el verdadero conflicto no era con la ciudad, nunca lo fue. Un documental que sin la figura, sin presencia pero omnipresente a la vez, del padre dio pie a la más encarnizada lucha familiar. Y ahí, en ese punto Leopoldo María no quiso ni pudo callarse nada. “Me he convertido en el chivo expiatorio de toda mi familia”, decía, mientras hablaba de lo “mala” que era su madre por haberlo metido en esa “cárcel para desintoxicarme”. El hijo argumentaba en el documental esa famosa frase de “peores son los ‘celtas’ que la grifa”. Un maldito en toda regla que siguió tanto o más a Baudelaire y Rimbaud por las drogas que tomaban como por su poesía magnética y pura, que también.

Ha desaparecido el último de una familia tan ligada a Astorga como ellos nunca quisieron imaginar. Quedara esa casa, hoy restaurada, esos ‘abanicos de la muerte’, ese jardín sombrío, frondoso, desordenado y complicado, viva muestra de su propia presencia. Quedará una película sublime que refleja todos aquellos aspectos de lo que es una ‘familia’, con todas sus miserias, más que alegrías, todas sus luces pero muchas más sombras. Pero sobre todo quedará ese legado literario. Una obra que en su conjunto y hablando de toda la saga permanecerá para la historia. La de Leopoldo, Leopoldo María, Juan Luís y el propio Michi Panero, cuya sola presencia era pura poesía, también maldita, proscrita. Se termina una parte de la historia de la literatura, se acaba también una parte de la historia de Astorga, punto de partida y ahora sí: punto final.
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