La Esfinge Maragata

‘La Esfinge Maragata’, de la escritora Concha Espina, es una novela que nadie me mandó leer en la escuela, ni en el instituto, menos aún en la universidad. Pero para los dos primeros casos, encontrándonos en Astorga, debería ser de obligada ‘visita’. Una obra de ficción costumbrista que refleja como ninguna otra esta comarca leonesa. Y además lo hace desde el prisma de la mujer. Una mujer, la maragata de principios del siglo XX, ninguneada y casi esclavizada en sus estratos más bajos. Esposas de labradores o cardadores (otra cosa eran las mujeres de los ricos arrieros) que apenas veían el sol de frente, siempre en la nuca, en la espalda doblada.

Concha Espina se encontró una Maragatería, sobre el año 1912, recóndita y olvidada. Una comarca que veía fracasar su bastión, la arriería, y cuyo éxodo hacia países sudamericanos era una realidad, como años antes lo había sido a Galicia y País Vasco. Cuba, Argentina, Brasil, naciones que acogieron a los maragatos y en donde no pocos volvieron a hacer fortuna, era su sino. La decadencia, el crepúsculo de un modo de vida que yo siempre asemejo al oeste americano. En ‘Grupo Salvaje’ (‘The Wild Bunch’, de Sam Peckinpah) los caballos van dando paso al vapor de los nuevos coches, y los viejos vaqueros miran atónitos el progreso sabiendo que su momento ya pasó. Una historia que, como digo, puede asemejarse a lo ocurrido en Maragatería en aquellos años. Igual que en el ‘far west’ la comarca leonesa era también una zona de “nombre sonoro y muerta fisonomía”, tal y como la describió la propia autora en su obra. Y de igual forma los caballos y los carros dieron paso al vapor. Ya nadie levantaba polvo en los caminos.

El historiador y archivero José Manuel Sutil lo desgrana bien en su estudio sobre la geografía real y la inventada en ‘La Esfinge Maragata’. Concha Espina visitó varios pueblos de la zona, los más cercanos a Astorga seguramente, y con todos ellos ideó la estancia central de la novela, Valdecruces, un pueblo que nunca existió pero que es una amalgama de otros que si son reconocibles como Val de San Lorenzo, Valdespino, Castrillo de los Polvazares, Murias de Rechivaldo o Boisán, además del desaparecido Piedralbina, que se situaba entre Piedralba y Oteruelo. Pero el archivero, sin duda el mayor experto en Maragatería que existe, ha sabido encontrar Valdecruces en Morales del Arcediano, ya que en el libro se menciona un retablo con la imagen de un Resucitado que sólo se encuentra en la iglesia de este pueblo.

Concha Espina quiso desorientar al lector, mezclando geografía real e inventada, haciendo que nos sumergiéramos en la historia de Mariflor, la protagonista. Una historia de costumbres en donde la escritora realizó una defensa a ultranza de la mujer. Una mujer curtida de trabajo y dolor, en una tierra yerma, seca y desagradecida pero con un magnetismo histórico y carnal.

Ahora se cumplen 100 años de la publicación de este magnífico libro y el Ayuntamiento de Astorga ha querido realizar unas jornadas para ponerlo de nuevo en valor. Aunque no estaría de más que los jóvenes del instituto de Astorga pudieran adentrarse en sus páginas. Conocer lo que pisan sus pies, saber de una comarca cuya historia fue merecedora de ser contada por una candidata al premio Nobel. Una escritora que miró la tierra maragata como solo una de las grandes lo podía hacer: con inteligencia, pasión y la distancia suficiente para ver la realidad de un pueblo.
La Esfinge Maragata

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