Indiana, el Grial está en León

Querido, apreciado y admirado Doctor Indiana Jones: por la presente misiva, y desde el más profundo respeto, me gustaría comunicarle un hecho de especial trascendencia que le afecta a usted directamente, y que considero debe conocer. No quiero parecer arrogante, y abordo el comunicado desde el más sincero cariño e incluso devoción que siento por su persona, su doctorado y su látigo, pero he de decirle que con lo del Santo Grial erró el tiro de pleno. Es que ni se acercó un poquito oiga.

Seguí con pasión sus andanzas en busca del Cáliz de Cristo. Primero investigando la tumba del templario en la biblioteca de Venecia, antigua iglesia medieval, después en Iskenderun o Alejandreta, el cañón de la media luna por el cual accedió al edificio nabateo en Petra, sufrí con lo que tuvo que padecer para lograrlo. “Solo el penitente pasará”, decía usted mientras se arrodillaba para que una cuchilla gigante no le rebanara el pescuezo. Recordando que la palabra Jehová en hebreo se escribe con i. Dando un paso de fe absoluta en el desfiladero invisible. Recé por su padre herido, grité para que no se equivocara de copa, y cogiera la correcta, la de un carpintero. Y todo para nada doctor Jones. Estaba usted más perdido que un piloto de Iberia en el aeropuerto de la Virgen.

A ver como se lo digo. Si es que el Santo Grial está aquí. Si es que lo tenemos en León señor. Pero es que, y no es cachondeo por parte del que suscribe, lleva aquí diez siglos. Y usted por el mundo buscando. Conste que yo me enteré hace poco, si no está carta le hubiera llegado antes. El caso es que lo ha encontrado una señora de La Bañeza. Margarita Torres se llama. Es erudita como usted. Y la puede encontrar normalmente en la Universidad de León. Igual se conocen. Contacte y ya si eso van hablando, aunque ella lo tiene muy claro. Lo explica todo en su nuevo libro ‘Los reyes del Grial’.

La historia, la verdadera digo, no la suya, viene a contar que la clave han sido dos pergaminos egipcios originales fechados en el siglo XIV. Los dos documentos señalan que el cáliz fue enviado al rey de León Fernando el Grande o el Magno en el siglo XI, después de haber sido saqueado de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, donde había permanecido desde el siglo IV. Espere porque también tenemos un arca, no vaya a ser la suya que tanto le costó encontrar. Por lo visto la copa fue entregada dentro de un arca con más objetos en señal de agradecimiento después de que el monarca leonés enviara un enorme cargamento de víveres a Egipto, en un año de gran hambruna. Las esquirlas que le faltan al cáliz vienen, por lo que se ve, a aumentar el peso del razonamiento, ya que en esos pergaminos se hace constar dicho defecto.

Así está el tema doctor Jones. Vamos, que la copa que usted no pudo sacar del edificio de Petra por esa supuesta maldición no era. Ya ve que lejos de no poder moverse el cáliz ha recorrido medio mundo. Ojo, no ha dado pie con bola pero usted desde luego sigue siendo el arqueólogo más guapo y seductor que yo haya visto. Como dice uno de por aquí: “que sepa que ser, es”. Pero la copa de Cristo la tenemos nosotros, si, los de León. Oiga, y sin darnos importancia, ahí lleva la tira de años. Si quiere verla en San Isidoro está. Lo dicho, espero no haberle envalentonado con la carta. Yo lo único que quiero es que no viva más en el engaño, que eso es muy feo y al final reconcome.
Santo Grial León

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