Isabel: asesinato entre St. Paul’s y Oxford Circus

El metro que une las estaciones de St. Paul´s y Oxford Circus estaba a rebosar de gente. Lunes. Hora punta en Londres. Seis de la tarde. Sesenta minutos más en España. El balanceo del vagón, el sonido de los raíles al pasar, el vehículo que se cruza a toda velocidad a menos de medio metro…todo contrasta con el silencio inglés, apenas un ‘sorry’, un ‘excuse me’ o un ‘thanks’ para apremiar el paso al salir.

No sé a qué altura fue, hacia la mitad del trayecto, quizás en Holborn, giré la cabeza y miré a un joven, trajeado, seguramente venido de la ciudad de la justicia que se erige por esa zona. Miraba una tablet, y en ella una foto. Esa imagen era el cuerpo sin vida de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, tendido inerte sobre unos de los puentes del Bernesga pero viajando sin control por todo el mundo. Y en ese caso, hasta mí, que transitaba 20 metros por debajo del suelo en el centro de la capital británica.

Seguramente fui el único ‘plumilla’ de toda la provincia que no estaba en León o Astorga en ese momento. Lo cual, para mi desgracia, me convertía en un ‘rara avis’. Y por ello pasé una tarde mala, rara y extraña, muy extraña, en lo que a esa circunstancia se refiere, desde luego. Pero pude vivir la noticia desde otro punto de vista, más alejado, más extrapolado, por así decirlo. Y que me permitía tomar la distancia que no hubiera conseguido con el ruido mediático y social que en ese momento debía ser ensordecedor en España. Mucho menos desde mi redacción, donde estaría a buen seguro esa tarde, sin distancia, con calor, y sin freno.

Los sitios web de algunos de los principales periódicos londinenses como The Wall Street Journal o The Telegraph resaltaban el acontecimiento casi en los mismos términos: “La muerte de una política española por arma de fuego”. Y en ambos se subrayaba la palabra ETA. Como una losa que todavía no podemos quitarnos aún. Una losa que hubiera sido demasiado pesada. El chico que leía la noticia en su Ipad deslizó el dedo con suavidad, un vistazo rápido, un asesinato más. Otra noticia de futbol para ocupar la mente. Isabel viajaba de nuevo a otro rincón del mundo.

Leí con Pérez, sentados en un pub, que habían detenido a dos personas de Astorga. Dos mujeres, una ingeniero y su madre. Y a través de los ‘whatsapp’ que llegaban el desconcierto era abrumador. Pero en ese momento pude comprobar dos cosas: la fluidez de la información, que llega realmente a cualquier lugar y bajo cualquier soporte, y dos; el trabajo de los periodistas leoneses, que, ojo a esto, iban informando en sus medios casi tan deprisa como se hacía en las redes sociales, más aún, ya que una información era contrastada y la otra no. Realmente en la distancia pude ser testigo de una manera de hacer información realmente fuera de lo normal. Con decenas de datos y fotos a los pocos minutos de producirse el hecho. Un trabajo del que tiraron, algunos de manera pésima, importantes rotativos nacionales e internacionales.

Y les echaba de menos, pero me alegraba verles trabajar e informando casi en tiempo real. Pensaba en David Rubio, Carlos J. Domínguez, Felipe Ramos, Toñi Reinares, Paloma Muñoz, Juan Francisco Diéguez, los gráficos… todos los compañeros que dieron el cien por cien para que yo, que no estaba con ellos, desde un rincón del mundo, con un ‘old fashion’ en la mano y el móvil en la otra, pudiera conocer lo que estaba sucediendo. La historia de un asesinato cruel que para mí se gestó en la línea roja del ‘tube’ de Londres, entre St. Paul’s y Oxford Circus.

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