Chocolate de febrero

Es bajar camino del barrio judío y parece que entra el olor del cacao por todos los poros. La casa del empresario chocolatero Magín Rubio es desde ya nuevo Museo del Chocolate de Astorga. Un singular y magnifico espacio para una colección que merece la pena visitar. Los detalles del proyecto que se inaugura este sábado ya los conocen ustedes. Remodelación integral de la casa modernista situada en el barrio de Puerta de Rey. 600.000 ‘eurazos’ de inversión final. Espacios abiertos, diáfanos y lumínicos para mostrar el excelso pasado chocolatero de la capital maragata. Otra apuesta más por el turismo. Nueva piel para el museo más visitado de la ciudad, o al menos el más popular.

Desde que se supo la nueva ubicación de la muestra los vecinos de Astorga no se ponen de acuerdo. El tema a debate pasa por la ubicación geográfica del emplazamiento. Algunos opinan que está demasiado lejos del centro, que los turistas que estén viendo la catedral y el palacio, y que se dirijan hacia la Plaza Mayor, no van a querer bajar la avenida de la Estación hasta el mencionado espacio. Que el flujo de visitantes va a descender. Muchos no ven claro sacar del eje monumental ningún punto turístico.

Yo estoy en el otro lado. Creo que los visitantes que lleguen a la ciudad irán al museo, y bajarán la cuesta de Santa Ana sin problema. Y llegarán a un lugar diferente, que no decepcionará. Y es que por muy en el centro que estuviera antes, el Museo del Chocolate se encontraba escondido y empequeñecido, sin ningún tipo de atractivo exterior. Y aún así era el más popular. Mucha gente de Astorga debería cambiar el chip. Abran sus mentes. Los turistas del siglo XXI corren, caminan, buscan, usan las nuevas tecnologías. Y los del siglo pasado los llevan en autobús, así que en cualquier caso veo poco problema.

Si Astorga quiere ser turística, y en la manga solo tiene ese as, debe tener la idea de una ciudad por y para el turismo. No un solo eje de 500 metros donde se concentre todo. Una villa donde haya rincones sorprendentes (y visitables) en cualquier lugar. Y el museo en la nueva ubicación es una idea que sigue este planteamiento, creo, acertado. Otro tema sería la compra de la antigua harinera al lado de la estación de tren. Semejante ‘cagada’, con perdón, es tema de otro artículo, que llegará no tengan duda.
Otra cosa puede ser lo que a partir de ahora suceda. Las facilidades que pueda ofrecer la oficina de turismo al visitante. Indicaciones, promoción adecuada, uso de las nuevas formas de comunicación con el ‘cliente’. Suerte.

Y digo lo de chocolate de febrero porque a finales de este mes también toca Salón Internacional del Chocolate (SICA), que este año se desarrollará en el claustro del seminario de la ciudad. Algunas consideraciones. Creo que el proyecto SICA se va muriendo lentamente. Desde la espectacularidad de la primera edición en 2007 todo ha ido hacia abajo. La crisis llegó y todo lo referente a este salón ha estado lastrado desde entonces. Continuos cambios de fecha, merma en la cantidad y calidad del salón…y no niego el trabajo de la Cámara de Comercio, que se ha partido la cara para intentar que esto no fallezca definitivamente.

Pero la pregunta es ¿merece la pena hacerlo a cualquier precio, a costa de contar cada vez con menos medios? Pues no lo sé. Pero creo que no. Dirán los empresarios que llegan si les renta, aunque por lo que pude conocer de la pasada edición las ventas no fueron las deseables y la participación tampoco. Y es que lo de la promoción y tal está muy bien. Pero la gente está para ganar dinero, para vender, hacer contactos….

Eso sí, tengo que reconocer que la idea de sacarlo del pseudo-polideportivo de Rectivía, donde en un principio se iba a desarrollar, me parece acertadísima. Un magnífico edificio como el seminario puede ser una ubicación perfecta para los chocolateros. Volvemos a lo de antes. Ensalzar como turísticos otros puntos de la ciudad que hasta ahora no lo eran. El Obispado hace bien en abrir con el SICA las puertas de su centro formador, que ya no forma, de singular riqueza arquitectónica. Aunar patrimonio, con turismo y proyectos de dinamización económica debe ser la línea. De los dos primeros factores Astorga tiene de sobra. El tercero hay que buscarlo y enlazarlo. La ciudad apuesta por el chocolate, esperemos que no sea el del loro.

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