Todos a la calle

La crisis agudiza el ingenio, de todos no. Algunos lo tienen aletargado cual rana hibernando. No es el caso de muchos pequeños empresarios y autónomos de este nuestro poliquístico país, que sacan todo lo que tienen dentro, y nunca mejor dicho, para seguir llevando los garbanzos (de pico pardal) a casa.

Tal y como los artistas y cantantes se han visto en la necesidad de dar 30 conciertos en vez de diez para llegar a fin de mes (o en su caso a fin de semana) porque en las tiendas ya no venden un maldito disco, los empresarios rurales también captan en el aire libre, en la calle, en el contacto de la plaza una oportunidad de negocio. Las ferias proliferan en todos los sectores y la gente responde. Por si fuera poco los ayuntamientos se marcan un tanto casi regalado por ‘dinamizar’ (cómo nos gusta ahora esta palabra) la ciudad de turno.

La Bañeza es un ejemplo de ello, y les va bien. Hasta siete ferias montan al año y todas con un éxito considerable. A los españoles nos gusta la calle, nos gusta comer, pasear, mirar y comprar, aunque la cosa no está muy boyante todavía. Todo se andará.

Y con esa idea en la sesera nació la feria en la calle de Santo Toribio, organizada por Asemac, que es la asociación de empresarios maragatos. Y lo que empezó como una tímida propuesta para intentar evitar la desbandada de astorganos a León, Oviedo o Valladolid (el lunes es festivo en la ciudad) ha resultado ser una oportunidad de realizar un fin de semana en donde no solo consigues aparcar la huida sino que haces que llegue gente de otros puntos.

Y en todo este asunto el concurso de pinchos, que este año realizan 21 establecimientos de la ciudad, ha sido la gran ocurrencia. Los bares preparan un acompañamiento a la consumición diferente que tu puedes degustar y votar. ‘Capricho maragato’, por ejemplo, y te endosan con el corto un pan ricamente tostado con la finura de un huevito de codorniz al aceite de oliva coronado por un nido de tripa de secreto ibérico. Vamos, huevos y chichos. Pero que rico está oiga, y que pintón queda. Y de bar en bar vas probando, y bebiendo, y bebiendo, y comiendo…al final no tienes ni pajolera idea si la fresa iba con el foie o te la zampaste con el hojaldre de morcilla. Y qué más da. Sea como fuere los bares llenos y la peña disfrutando a tope.

A parte de las tapas, la carpa en la Plaza Mayor con 30 empresas mostrando su producto y el potaje de Santo Toribio en algunos restaurantes (algo que no ha cuajado tanto), la programación incluye un sin fin de actividades deportivas que implican a cientos de escolares de toda la provincia. Y eso hace que los papás se queden en la ciudad, y compren y coman y beban. Un verdadero esfuerzo de la asociación y sí, del Ayuntamiento también que pretende crear ambiente un fin de semana que estaba muerto. Aún así mucha gente opta por salir el lunes, pero ya son muchos menos los que se van los tres días. La ciudad ofrece alternativas reales, para distintos gustos y públicos. Y eso beneficia a todos, a unos más que a otros, pero a todos.

Los empresarios han tenido que salir a la calle a vender su producto, como si del oficio más antiguo del mundo se tratara. Con toda la dignidad y con toda la necesidad. Con ideas nuevas. Si el cliente no entra a la tienda, la tienda sale a la calle. Y en esas estamos. El sector privado devanándose la mollera y el público comiéndose las mollejas. Y así todo. Unos se rascan porque pica y otros pican donde se rasca.

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