‘La Noche Astorgana’

Como si del filtro que convierte el día en la noche se tratara, Astorga despereza ahora sus calles antes de que las farolas iluminen su parcela. La técnica cinematográfica ‘la noche americana’, usada en muchas ocasiones en el Hollywood clásico para rodar a plena luz del día como si de la noche más parda se tratara, parece aplicada en los últimos tiempos en la muy noble, que llena de ocio bares y tabernas cuando aún la tarde recibe su nombre, quedando desierta unas horas después. Al menos esa es mi sensación, compartida también con algunos compadres el pasado sábado. Recuerdo no hace muchos años, aunque sí más de los que me gustaría, como tirado en el sofá esperaba que dieran las doce o la una en el reloj del pasillo para poder salir de marcha; antes de esas horas calles vacías y locales a medio abrir, pasando aún la ginebra por la barra con un trapo húmedo.

En ‘La Parrilla’, a las doce, podías ver a Pepín y su ‘tropa’ tomando el primer chupito con ‘la máquina’ pegada a la columna aún por encender; con las cámaras todavía enfriando las botellas de Coca-Cola apiladas y esperando los primeros clientes. Tres horas después apenas podías arrinconarte entre la puerta de los baños y la barra, en un estrecho pasillo, lugar de anchas historias. Desde esa perspectiva aún veo decenas de cabezas (y cabezos) inclinándose para beber de los míticos vasos de tubo, que apenas contenían una raja de limón y cuyos hielos solo eran solo un frío recuerdo. Una densa nube de humo, que teñía el ambiente, terminaba de componer la escena, que no necesitaba de ningún filtro. Piensen ahora como ha cambiado el panorama. Con copas de balón, hielos tipo iceberg y la frutería ‘Manoli’ metida dentro. Con el aire diáfano y los olores propios de las vergüenzas ajenas (casi prefería envenenarme con tabaco). Todo muy civilizado pero muy poco nocturno.

El ‘Ya Nunca’ te recibía a media noche (esto es las tres o cuatro de la mañana) con Canqui sujetándose unas gafas que a día de hoy no se le han caído, he ahí su magia. Es el único refugio del pasado que queda en Astorga, al menos en apariencia, Dios lo conserve muchos años. Allí te encontrabas todas las generaciones a las que ibas a seguir los pasos, por mucho que en ese momento renegaras. Los ‘Simpas’ dándole al futbolín; los ‘pochos’ llenando la trasera, los amigos del ‘vente de copas’ dándote algún codazo, “ya te llegará chaval, pero no ahora” parecían decirnos todos ellos.

Suerte tuvieron de tener gente a la que mirar en ese templo del bebercio por encima del hombro, los de mi quinta ya no la disfrutamos, no pudimos seguir la tradición de dar paso. Creo que los del setenta y muchos hasta el ochenta y muy pocos cerramos la puerta de la vieja Astorga que Fabián y compañía habían empezado en el mítico ‘Rompetetas’ décadas atrás. Una Astorga de noche, barras, humo, whisky y ron, de cena rápida en la cocina y desayuno lento en el Correos, de sentadas en Fátima y miradas furtivas.

Ahora, como digo, lo que ‘pinta’, también en la bimilenaria, es tomar unas cañas de tarde, en bares con decoración industrial y grandes plantas; con ‘pintxos’ de base de patata con micuit de morcilla y tal. En los puñeteros gastrobares y la madre que los parió. Sentarse en la terraza al lado de una moderna estufa y disfrutar de una cerveza artesana de bodega, o bien de un Rioja, o un Godello, todo en fina copa y metiendo napia antes, no sea. Fotos, muchas fotos, ‘selfies’ de gente guapa brindando, mostrando la delicia culinaria de turno a todo ‘Instagram’. Todo rematadamente ‘cool’. Tras el tapeo un Gin – Tonic de esos que tardan dos horas y media en preparar y sábado listo. Para casa, que el domingo por la mañana hay que salir a correr, perdón, a darle al ‘running’. Y oiga, no es malo, es distinto, quizás más sano, aunque menos auténtico y con mucha más dosis de estupidez. Astorga se ha subido al carro que tan de moda está poniendo León. Yo echo de menos las grandes ‘noches de copas’ en las que antes lo de menos eran precisamente las copas. El sábado pasado, viendo las calles casi vacías, los bares desiertos a las tres de la mañana y ni una pizca de humo en el ambiente pensé en todo esto. Ahora, por desgracia, a la noche también se le pone filtro.

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